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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 26

—No quiero —Nereo negó con su cabecita, dejando de comer la fruta—. Solo quiero a mamá.

La sonrisa en el rostro de Facundo se congeló al instante.

Fuera de la habitación, Manuela, sostenida por una cuidadora, miraba con anhelo al niño, su rostro temblando con una sonrisa de emoción.

—Este niño es adorable… tan encantador como Norberto de pequeño.

Poncio tiraba de ella insistentemente. —Vámonos ya, vieja, su padre está adentro. No dejes que nos vea, van a pensar que somos secuestradores.

Facundo estaba de espaldas a la puerta, así que Poncio y Manuela solo podían ver su silueta.

Desde su perspectiva, padre e hijo parecían conversar alegremente en un ambiente cálido.

La niñera, Jacinta, regresaba en ese momento y, al ver a varias personas reunidas fuera de la habitación, preguntó con curiosidad: —¿Quiénes son ustedes? ¿Vienen a visitar a Nereo?

Poncio se sobresaltó y se giró bruscamente.

—Eh… bueno, buscábamos a alguien, nos equivocamos de habitación… —respondió el anciano mientras le hacía señas a su esposa para que se fueran rápido.

Manuela se volvió, sonrió amablemente a Jacinta y preguntó: —El niño de aquí adentro… ¿se llama Nereo?

Jacinta, a la defensiva, no respondió. En su lugar, les preguntó: —¿Pero quiénes son ustedes? El señor Zurita está adentro, pueden preguntarle a él.

Dicho esto, Jacinta se dispuso a abrir la puerta.

—No, no, nos equivocamos de habitación —dijo Poncio, nervioso, y le hizo una seña a la cuidadora.

Manuela fue colocada de nuevo en su silla de ruedas y el grupo se marchó a toda prisa.

—Qué extraño… ¿será que los padres de la amante de Facundo vinieron hasta el hospital? —murmuró Jacinta para sus adentros mientras entraba en la habitación.

Facundo, al ver que su hijo no cedía, se levantó con el rostro serio.

Justo en ese momento, vio que Jacinta regresaba.

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