Pero Palmiro no lo reprendió. En cambio, le preguntó con total seriedad: —¿De verdad se parece a mí?
Iker arqueó una ceja, sin entender la intención de su jefe.
—Te estoy haciendo una pregunta.
Iker reaccionó y asintió rápidamente. —¡Sí, se parece un poco! Aunque yo creo que se parece más a Norberto. Lástima que Norberto también era soltero y sin compromiso.
La expresión de Palmiro cambió aún más. —¿Dices que ese niño es el hijo de la señorita Aguayo que acaba de irse?
—¿La señora se apellida Aguayo? —preguntó Iker, y luego asintió—. Sí, el niño es su hijo. Nos hemos topado con ellos varias veces en el ascensor del hospital.
Palmiro se quedó pensativo, recordando las palabras de su amigo.
La esperanza rota de repente resurgió. Tomó su teléfono y volvió a llamar a Salvador.
—¿Estás seguro de que no hubo un error en la investigación?
Salvador ya estaba harto. —Es imposible que haya un error. ¿Tanta desconfianza tienes en mi trabajo?
—Ya, entiendo.
Palmiro colgó y le ordenó a Iker: —Ve a investigar al hijo de esa señorita Aguayo.
Iker se quedó atónito. Tras unos segundos de silencio, preguntó: —Jefe, ¿qué… qué significa esto? ¿Acaso usted y la señorita Aguayo… tuvieron una aventura?
Por eso sospechaba que el hijo de ella era… Una mirada gélida y penetrante de Palmiro le llegó como un latigazo. Él encogió el cuello y asintió de inmediato. —¡Voy a investigarlo ahora mismo!
Fiona llevó a Vilma a conocer a una abogada llamada Zaira.
Zaira se especializaba en casos de divorcio y, al escuchar la historia de Vilma, se indignó.
Sin embargo, Vilma tenía que volver a la oficina y no tenía tiempo para una conversación más profunda, así que acordaron reunirse otro día.
————
En el hospital, cuando Nereo se despertó de su siesta, se sorprendió al ver a su padre junto a su cama.
Aunque estaba enojado con él por no defender a su madre y sabía que le gustaba otra persona, la mente de un niño es, al fin y al cabo, simple.

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