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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 255

A Vilma le dio pena el comentario de su amiga y dijo a propósito: —Esto no me lo regaló él, fueron Poncio y Manuela quienes insistieron en dárnoslo.

—Por favor, si Palmiro no hubiera estado de acuerdo, dudo que sus padres hubieran podido regalártela.

Vilma sonrió sin decir nada.

Eso era verdad.

Al final, todo se reducía a que Palmiro era generoso. Y no solo generoso, sino también responsable y con un gran sentido del deber.

Entraron en la casa y Nereo se dio la vuelta, dejando su montaña de juguetes. —¡Madrina!

Karina levantó el regalo que traía en la mano. —Nereo, feliz cumpleaños, que crezcas sano y fuerte. Este es tu regalo.

—Gracias, madrina. Pero, madrina, ya no me compres regalos, por favor. Tengo… demasiados, de verdad. Mejor guarda ese dinero y cómprate ropa bonita, las chicas deben arreglarse para verse guapas.

Nereo se acercó a tomar el regalo y luego soltó un montón de consejos como si fuera un adulto, con una vocecita infantil que lo hacía adorable.

Sus palabras no solo sorprendieron y conmovieron a Karina, sino que incluso Vilma quedó atónita.

Un niño de tres años con una inteligencia emocional tan alta, capaz de rechazar algo de una manera que hacía feliz a la otra persona, sin ninguna incomodidad.

Karina, emocionada, levantó al pequeño en brazos. —¡Nereo, no te he consentido en vano! ¡De verdad te preocupas por tu madrina, estoy tan conmovida!

Vilma le pellizcó suavemente la mejilla a su hijo. —Pequeño bribón, ¿quién te enseñó a decir todo eso?

Nereo respondió muy serio: —Yo sé hablar solo, ¿por qué alguien tendría que enseñarme?

—¡Vaya! ¡Nuestro Nereo es un pequeño genio!

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