—Sí lo encontré, pero la receptora no tuvo éxito con la fertilización in vitro. El embrión se perdió en un aborto espontáneo —respondió Salvador.
El rostro de Palmiro se ensombreció. —¿Un aborto espontáneo?
—Sí, la tasa de éxito de la FIV no es muy alta, los abortos son comunes. Algunas personas necesitan tres o cuatro intentos para lograrlo.
Salvador era especialista en medicina reproductiva y conocía bien el tema.
—¿No podría haber un error? —preguntó Palmiro, aferrándose a una pequeña esperanza.
—Imposible. No te daría información si no estuviera seguro.
Palmiro apretó el teléfono. Sus ojos profundos miraban los rascacielos a través del ventanal, su ánimo era una mezcla indescriptible de emociones.
Había pensado que su hermano podría tener un descendiente en este mundo, algo que traería consuelo a sus ancianos padres.
Pero apenas había surgido una pequeña esperanza, y ya se había hecho añicos.
Al otro lado del escritorio, Vilma estaba enviando un mensaje a Jacinta para preguntar cómo había estado su hijo por la mañana y si había comido.
De repente, al oír a Palmiro preguntar “¿Un aborto espontáneo?”, se sobresaltó.
¿Así que el famoso Palmiro estaba casado?
¿Y su esposa había tenido un aborto?
Con el teléfono en la mano, se sintió un poco incómoda, pensando en cómo podría consolarlo.
Palmiro guardó el teléfono y, recordando que tenía una clienta en la oficina, rápidamente recompuso su expresión y regresó al escritorio.
Vilma también guardó su teléfono, se enderezó y, carraspeando, dijo: —Oiga… Señor Palmiro, usted aún es joven. Seguro que tendrán hijos en el futuro.
—¿Eh? —Palmiro se quedó perplejo y la miró—. ¿Qué hijos?
—Es que… oí su llamada, algo sobre un aborto…
La sonrisa de Vilma se volvió aún más incómoda y, para que su consuelo pareciera más sincero, se le ocurrió usar su propio ejemplo. —De hecho, yo también lo logré en mi segundo intento de FIV. Si un niño está destinado a ser nuestro, llegará tarde o temprano.

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