Palmiro estaba muy satisfecho con su reacción. Se dio cuenta de que ella ya estaba profundamente cautivada. Al ver que incluso se había olvidado de respirar, sonrió levemente y se apartó medio centímetro para darle un respiro.
Vilma volvió en sí y lo miró fijamente a los ojos, sintiendo que la oscuridad de su mirada se disolvía en una ternura insondable.
La estaba seduciendo, derribando sus defensas centímetro a centímetro.
Al darse cuenta, se sintió avergonzada y furiosa a la vez. La mano que descansaba en su pecho de repente hizo fuerza.
—Palmiro, suéltame... Mmm.
Justo cuando iba a empujarlo, él la besó de nuevo. Esta vez, además, le sujetó la nuca con una mano, acercándolos aún más.
—Palmiro, tú... idiota, suél... Mmm.
—Mi herida no ha sanado del todo. Si me empujas un par de veces más, podría tener una hemorragia interna... —le recordó Palmiro en voz baja, fingiendo dolor.
Vilma se detuvo en seco. Su resistencia disminuyó al instante.
Palmiro sonrió satisfecho y la besó con más suavidad, con más profundidad.
La atmósfera íntima los envolvió como una burbuja iridiscente. Ninguno de los dos pronunció la palabra "amor", pero sus corazones vibraban con un sentimiento intenso... El sentimiento más hermoso era el de ese preciso momento.
El largo beso finalmente terminó. A Vilma le temblaban tanto las piernas que apenas podía mantenerse en pie.
Palmiro no estaba mucho mejor. Su corazón latía deprisa, su respiración era irregular y sentía tanto calor como si estuviera en pleno verano, aunque fuera invierno. Incluso con el sistema de climatización de la mansión, la temperatura era agradable, pero no calurosa.
Cuando ambos se recuperaron de su aturdimiento, sus miradas se encontraron por casualidad. Los labios de Palmiro se curvaron ligeramente.
—Tu técnica para besar es pésima, necesitas más práctica.
El cerebro de Vilma explotó.
—¡Pervertido! —le espetó.
El hombre sonrió, sin inmutarse.
Vilma ya no tuvo el valor de enfrentarlo. Lo empujó con un poco de fuerza y salió corriendo, sin siquiera darse cuenta de que el título de propiedad de la mansión se le había caído al suelo.
Durante toda la tarde, Vilma fue incapaz de concentrarse en el trabajo. No importaba a dónde mirara, solo veía el rostro perfecto e impecable de Palmiro. Su mente repetía una y otra vez aquel beso, y cuanto más lo revivía, más se hundía en él.
Era irónico. A pesar de haber estado casada durante cuatro años, en realidad no tenía mucha experiencia en la intimidad. Después de descubrir el engaño y la impotencia de Facundo, se enfadó tanto que empezó a dormir en otra cama.
Más tarde, tras el nacimiento de Nereo, a Facundo le entró cariño por su hijo y su actitud hacia ella mejoró. Para facilitar el cuidado del bebé por la noche, volvieron a compartir la cama. Pero el problema de Facundo seguía sin resolverse y, con un niño cerca, Vilma perdió todo interés en esos asuntos.
Recordó la pregunta de Palmiro sobre cómo había sobrellevado cuatro años de matrimonio célibe. En realidad, no había sido difícil. Como no lo amaba profundamente, tampoco sentía deseo.
Pero con Palmiro era diferente. Aquel beso breve y superficial en el hospital la había mantenido excitada toda la noche, provocándole sueños eróticos. Y ni hablar del beso francés, intenso y real, de hoy...
Vilma sintió claramente cómo su cuerpo reaccionaba, una sensación de vacío y anhelo que la mantuvo inquieta e incapaz de concentrarse toda la tarde.
Palmiro, por su parte, no estaba mucho mejor. Durante una reunión en el bufete, se distrajo dos veces, una escena tan inusual que dejó a sus colegas boquiabiertos.
En cuanto terminó la reunión, se levantó y se fue a toda prisa a su oficina.

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