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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 232

Ya no eran los tiempos conservadores y reprimidos de antes, cuando hablar de sexo era un tabú.

—Olvídalo, puedes retirarte —dijo Palmiro, despidiéndolo con un gesto.

Justo cuando Iker se daba la vuelta, recordó algo y se giró de nuevo.

—Aunque a las chicas generalmente les encantan los bolsos. Dicen que un bolso lo cura todo. Jefe, ¿por qué no le compra unos cuantos a la señorita Aguayo?

—Mis padres ya le regalaron bolsos y joyas —respondió Palmiro.

—No es lo mismo. El regalo de los mayores es un gesto de aprecio, pero el de un novio es una muestra de amor.

La palabra "novio" pareció calmar a Palmiro de inmediato. Con una media sonrisa, volvió a pedirle consejo a su subordinado.

—Entre un hombre y una mujer, ¿en qué punto se considera que han confirmado una relación?

Iker se quedó perplejo.

—Jefe, ¿aún no ha conquistado a la señorita Aguayo?

Esa pregunta fue un golpe directo al ego de Palmiro. Se enfureció al instante y, con el ceño fruncido, echó a Iker de la oficina.

Pero una cosa era la vergüenza y otra muy distinta el regalo que tenía que comprar. Al fin y al cabo, al mediodía se había pasado un poco. La había besado repetidamente sin su consentimiento, y no sabía qué estaría pensando ella de él.

————

Por la noche, al terminar la jornada laboral, Vilma decidió quedarse a hacer horas extras. No quería volver pronto al hospital por miedo a encontrarse de nuevo con Palmiro.

Cuando casi todos sus compañeros se habían ido, Quico salió de su oficina y, al ver que ella seguía allí, se acercó.

—¿Aún no has terminado? —preguntó Quico, preocupado.

Vilma sonrió levemente.

—Casi. Termino esto y me voy.

Quico asintió y continuó:

—¿Cómo sigue tu hijo últimamente?

—Ni ha mejorado ni ha empeorado, se ha estabilizado por ahora —respondió Vilma con calma.

—Y ahora que estás divorciada, ¿quién cuida del niño?

—Unos parientes me están ayudando, y también hay una cuidadora —Vilma no le contó la verdad. Su relación con la familia Carmona era demasiado complicada para explicarla en dos frases.

Después de esas preguntas, Quico pareció quedarse sin tema de conversación, pero no se fue.

Vilma notó algo y tomó la iniciativa.

—Quico, ¿necesitas algo más?

Quico dudó un momento.

—La semana que viene tengo un viaje de trabajo y necesito llevar a dos personas conmigo. Por la tarde pregunté a varios y todos tienen proyectos urgentes con fechas de entrega ajustadas, así que no pueden ir.

Vilma entendió.

—¿Quieres que vaya contigo al viaje?

Quico negó con la cabeza.

—Olvídalo. Tienes que cuidar de tu hijo y acabas de recuperarte de tus lesiones, no es apropiado.

Normalmente, Vilma no habría aceptado. No podía dejar solo a Nereo. Pero, pensando en su situación actual con Palmiro, la oportunidad de un viaje de trabajo para escapar y tomar un respiro le pareció una buena idea.

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