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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 230

Palmiro bajó la mirada hacia ella, capturando cada matiz de timidez y nerviosismo en su rostro.

—Nunca he tenido novia, ¿satisfecha con la respuesta? —dijo Palmiro acercándose más, su voz grave.

¿Qué? Vilma parpadeó, mirando su atractivo rostro inclinado sobre ella.

—¿Cómo es posible? A tu edad...

—¿Soy muy viejo? —preguntó el hombre, con una expresión de desagrado.

—No, no, no quise decir que seas viejo, pero ya vas para los treinta y nunca has tenido una relación. ¿Acaso tú...?

La intensidad de su mirada la dejó con la boca seca. Se lamió los labios inconscientemente, tragó saliva y, conteniendo el rubor y los latidos desbocados de su corazón, finalmente se atrevió a preguntar:

—¿Tú... no tienes necesidades fisiológicas?

Al verla lamerse los labios, Palmiro recordó el beso apresurado de aquella noche en el hospital. Sumado a su pregunta, aquello fue como echar leña al fuego.

Palmiro frunció el ceño, como si contuviera algo, y la miró fijamente. Su mirada ardiente era tan densa como la tinta, y su nuez se movió de forma casi imperceptible. Su voz sonó medio tono más grave de lo habitual.

—¿Sabes lo que estás diciendo? ¿O... estás tratando de insinuarme algo?

La pregunta de Palmiro la hizo sonrojarse aún más. Apoyó una mano en el borde de la puerta detrás de ella y, justo cuando intentaba escabullirse, él levantó un brazo y lo apoyó junto a su cabeza, cortándole la retirada.

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