Vilma sacó su celular y buscó la grabación de la cámara de seguridad que acababa de entregarle a la policía.
—Fue para conseguir esto.
Le pasó el teléfono mientras le explicaba su plan.
—Ahora no solo tenemos pruebas de la infidelidad de Facundo, sino también de la agresión y del abandono, al no pagar los gastos médicos del niño. Pensé que con todas estas pruebas en la mano, nuestras posibilidades de ganar el juicio serían mayores.
Palmiro tomó el celular y, con una expresión gélida, vio el video de varios minutos.
En la grabación, se veía a Vilma aferrada a la manija de la puerta, resistiéndose por un momento. Cuando lograron abrir, ella se dio la vuelta y echó a correr.
Pero Facundo la alcanzó, la agarró del cabello y le estrelló la cara contra la pared.
El sonido espantoso del golpe helaba la sangre, y el dolor en el rostro de Vilma era innegable.
Luego, Nélida apareció y, entre los dos, la sometieron para arrebatarle el teléfono a la fuerza. Palmiro no había terminado de ver el video cuando una furia inexplicable se apoderó de él.
Se giró y le preguntó: —¿Acaso no confías en mi capacidad?
Vilma pensó que la felicitaría por su astucia, por haber actuado bien.
Pero en lugar de eso, recibió esa pregunta a quemarropa.
Parpadeó y trató de explicarse: —Claro que no es eso. Tu profesionalismo es evidente para todos.
—¿Entonces por qué te pones en riesgo de esa manera?
—Pues...
Vilma se quedó con la boca entreabierta, sin saber qué decir.
Iker sintió que su jefe estaba actuando de manera muy extraña ese día. Entendía que, por el bien del niño, le prestara más atención a la señorita Aguayo que a otros clientes.
Pero esa "atención" parecía haber cruzado los límites de lo normal.
Cualquiera que no supiera la historia pensaría que a su jefe le gustaba esa mujer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente