—¡¿Esa era ella?! —La expresión de Sofi era puro drama—. Con razón. La tipa se veía súper llamativa, con unos aires de grandeza insoportables; nomás de verla te cae mal. Aunque a decir verdad, Diego tampoco le hacía el feo, ¡si hasta se estaban abrazando en plena calle!
—Oye, ¿y no será ella la misma mujer con la que Diego se estaba besando la otra vez en el hospital?
Sofi acababa de recordar ese detalle de golpe.
Amaya ya casi había olvidado ese asunto, pero al escucharlo de Sofi, hizo memoria y se dio cuenta de que encajaba a la perfección.
Pensar que Diego ahora no solo tenía a Vera Ramos, sino que también andaba enredado con otras mujeres, le revolvió el estómago. Sintió una mezcla de asco y profunda decepción.
Llegaron a la habitación de su hija.
Reni estaba despierta y Romeo jugaba con ella, sosteniéndola con un solo brazo.
Amaya no tenía idea de dónde había sacado Romeo esa técnica, pero apoyaba el cuerpecito de Reni a lo largo de su brazo, manteniéndola boca arriba.
Luego, le acercaba un piecito a la boca y fingía tocar un saxofón, mientras en el celular sonaba una melodía suave de jazz.
Desde lejos, Reni de verdad parecía un pequeño saxofón. Lejos de asustarse, la bebé no paraba de reírse a carcajadas por las payasadas de Romeo.
Marta estaba a un lado grabando todo con su teléfono.
Una sonrisa tierna apareció en el rostro de Amaya.
—Romeo, ¿de dónde sacaste eso? Así como vas, Reni se va a marear de tanta vuelta.
Romeo vio a Sofi, sonrió y le entregó la bebé a Marta.
—Nuestra Reni es un amor, se la pasa riendo. Apenas le haces una monería, cierra los ojitos de tanto sonreír.
—Le encanta que juegue así con ella. Hace rato Marta intentó de todo y la bebé no dejaba de llorar, pero la cargué, y santo remedio, pura sonrisa.
Amaya podía notar que Romeo de verdad adoraba a Reni.

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