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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 466

—Solo dame un momento para respirar, ¿sí?

—De verdad no tengo energía para pelear contigo, no tengo fuerzas para...

Antes de que Amaya pudiera terminar la frase, el colapso físico y mental le pasó factura. Su cuerpo se tambaleó, a punto de caer al suelo.

Tanto Diego como Romeo extendieron los brazos instintivamente para atraparla.

Pero, dejándose llevar por el instinto, Amaya se dejó caer hacia el lado de Romeo.

Al sostenerla entre sus brazos, Romeo sintió algo alarmante: la piel de Amaya ardía como carbón al rojo vivo.

Al darse cuenta del peligro, abrió la boca para pedir auxilio.

Pero esa escena fue como una puñalada directa al orgullo de Diego. Se interpuso de golpe, agarró a Romeo del brazo con una fuerza brutal y lo fulminó con una mirada oscura y venenosa:

—¡Es mi esposa! ¡Suéltala! ¡Yo me encargo!

Romeo, desesperado, le gritó:

—¡Diego, ¿puedes dejar tus estupideces para otro momento?! ¡Amaya está ardiendo en fiebre! ¡Quítate del camino!

Con un tirón violento, Romeo se zafó del agarre de Diego. Cargando a Amaya, salió corriendo hacia la estación de urgencias.

—¡Rápido! ¡Llamen a un doctor! ¡Está volando en fiebre! ¡Rápido!

Mientras la llevaba pegada a su pecho, Romeo podía sentir el calor anormal que irradiaba su cuerpo incluso a través de la ropa.

Y fue en ese trayecto donde se dio cuenta de una cruda realidad: Amaya estaba en los huesos. Pesaba tan poco que parecía hecha de papel.

Al abrazarla, sentía sus costillas clavándosele. Era perturbador imaginar por todo lo que había tenido que pasar para quedar en ese estado.

En sus recuerdos, Amaya siempre había sido una niña llena de vida, con curvas suaves y una figura hermosa y radiante.

Todo esto era culpa de la falta de amor.

Porque no tuvo los cuidados necesarios en el posparto.

Porque su cuerpo se desgastó por completo después del parto.

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