Cuando Amaya recibió el mensaje, estaba revisando unos detalles de trabajo con Romeo.
Al ver que Diego, después de tantas evasivas, por fin había accedido a ir al registro civil, Amaya dejó escapar un largo suspiro de alivio.
—Por fin contestó. Me citó ahora mismo en el registro civil.
La mirada de Romeo brilló con sutileza.
—Qué bueno. Felicidades.
Al escuchar esa palabra, Amaya sintió un nudo en la garganta. Era la sensación de alivio al ver por fin la luz al final del túnel.
Muy pronto, todo el dolor del pasado terminaría para siempre.
Estaba harta de aquella vida llena de humillaciones. Solo quería desvincularse de la familia Muñoz, enfocarse en su carrera y darle a Renata la vida feliz que se merecía.
Los planos para el concurso La Columna Eterna estaban casi listos. Romeo le había dado algunas sugerencias y, con unos pequeños ajustes, el proyecto estaría perfecto.
Gracias a su experiencia, Romeo le había asegurado que su diseño tenía grandes posibilidades de ganar.
Y si ganaba, el proyecto sería asignado de inmediato a un equipo de construcción. Si todo salía bien, significaría que la obra de Amaya se convertiría en un referente internacional y que dejaría su marca en un polo industrial de Aquilinia.
Solo de pensarlo, la sangre le hervía de emoción.
Arrancó el auto de inmediato, pasó a su casa a toda velocidad para recoger los documentos y el acuerdo de divorcio, y se dirigió directo al registro civil.
Por fin podría cerrar ese capítulo tóxico de su vida y dedicarse en cuerpo y alma a su madre y a su hija. Había esperado este día por demasiado tiempo.
Con el corazón latiendo a mil por hora, sus manos se apretaban y relajaban nerviosamente sobre el volante.
Media hora después, llegó al lugar.
Estacionó el coche y llamó a Diego de inmediato.
Él contestó casi al instante.
—¿Ya llegaste? Te estoy esperando en el vestíbulo.
Amaya apretó los labios, sintiendo que un enorme peso desaparecía de sus hombros.
—Sí, voy para allá.
Por lo visto, Diego había entrado en razón y ya no usaría el divorcio para atormentarla.
Sosteniendo la carpeta con los documentos, caminó con paso ágil hacia la entrada.


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