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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 437

Rubén se detuvo un instante, se apartó a un rincón y contestó la llamada.

Al otro lado de la línea, una voz pausada pero siniestra se dejó escuchar:

—Señor Muñoz, tenemos pistas sobre el hombre que nos pidió investigar.

Rubén se tensó de inmediato.

—Habla.

—Cuando Javier Benítez huyó a Aquilinia con el dinero, su cuñada y su hijo, rápidamente cayeron en el vicio de las apuestas y despilfarraron todo. Para saldar sus deudas, entregaron al único hijo a una organización ilegal de compatriotas. Desde entonces, el chico desapareció sin dejar rastro. Pero...

El corazón de Rubén dio un vuelco.

—¿Pero qué?

El hombre soltó una risa escalofriante.

—Conseguí más información. Ya sabe cómo funciona esto.

Rubén frunció el ceño.

—No te preocupes por el dinero, no te faltará. Dime cuánto quieres y mi secretaria te lo transferirá ahora mismo.

El hombre le dio una cifra, y Rubén le envió un mensaje de inmediato a la secretaria Ineta. Los fondos fueron transferidos en cuestión de segundos.

—Cuando Romeo Ortega estuvo en Aquilinia, forjó una relación muy cercana con Bill, el actual magnate que domina el mundo financiero internacional. Se reúnen en privado con frecuencia. Bill es descendiente de Solarenia, se desconoce su nombre real, pero su edad coincide con la del niño que Javier Benítez vendió hace años. Logré conseguir una foto privada de él, se la enviaré en un momento.

Tras colgar, la foto llegó al teléfono de Rubén.

Al abrirla, un destello de comprensión iluminó su mirada. El misterio que lo había atormentado durante tanto tiempo por fin empezaba a cobrar sentido.

Mientras tanto, apenas Diego puso un pie fuera de la sala, Valeria Zaldívar se acercó a él y, sin importarle la presencia de su padre, se aferró a su brazo con total familiaridad.

—Diego, parece que llegué en el momento indicado.

Su voz era empalagosa. Miró de reojo a los directivos que observaban desde la sala y esbozó una sonrisa triunfal.

—¿Se podría decir que soy tu salvadora?

Diego se tensó y trató de soltarse disimuladamente, pero ella lo agarró con más fuerza.

No le quedó de otra que forzar una sonrisa.

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