—¡¿Con que todos ustedes vinieron a hacerle la corte a la hija de Amaya?!
—¿Qué pasa? ¿Me echaron a la calle para meter a Amaya en su familia?
Vera llegó frente a Ricardo Ortega y Ximena Chávez. Sin un "hola" ni un saludo de por medio, los atacó con voz aguda y amenazante.
Ximena se volteó, sorprendida. Al ver a Vera, su rostro se endureció.
—Vera, ¿qué estás diciendo?
—Vinimos porque una vieja amiga nos invitó al bautizo de la hija de Amaya. No andes diciendo estupideces ni inventando chismes.
Ximena trató de contenerse, pero en su mirada se notaba un desprecio glacial.
Recordar a la mujer que habían tratado como a una hija durante cinco años, dándole todo lo que pedía, y saber que se había atrevido a tener un hijo con otro hombre durante su matrimonio...
A Ximena se le encogía el corazón de la indignación. Sentía una presión sofocante en el pecho.
Claro que la odiaba.
En las últimas semanas, ella y Ricardo no habían podido dormir de solo pensar en la situación.
Era una humillación sin precedentes para la intachable familia Ortega.
Aun así, por el bien del niño, decidieron guardar silencio y no armar un escándalo público.
¡Y pensar que Vera, en lugar de bajar la cabeza de la vergüenza y huir, ahora venía a exigirles explicaciones con esa actitud tan descarada!

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