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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 346

—¡Si sigues diciendo tonterías, bájate del auto ahora mismo!

Todas las palabras que Vera estaba a punto de decir se le atoraron en la garganta.

Miró a Diego con los ojos muy abiertos, con un destello de impotencia e incredulidad, mientras grandes lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas:

—Diego... ¿me... me estás gritando?

Esa pregunta, con un tono dulce pero lleno de altibajos, reflejaba un sinfín de agravios y tristeza.

Diego levantó la vista y le dio una mirada rápida. Al final sintió un poco de compasión, y su voz se suavizó ligeramente:

—Ya estoy lo suficientemente estresado, no sigas diciendo cosas que solo me amargan más.

—Bájate en la próxima intersección, tengo que ir a ver a alguien.

Vera quiso seguir haciendo berrinche, pero al ver el rostro ensombrecido de Diego, se calló de inmediato con amargura y no dijo nada más.

Diego le pidió al conductor que parara en la siguiente esquina para que Vera bajara.

Luego, ordenó al chofer que se dirigiera a una exclusiva zona de villas con vista al río, cerca de las orillas: Brisa del Río.

De pie en la entrada del complejo de villas, recibiendo el viento frío, Diego marcó el número de Romeo Ortega.

La llamada se conectó rápido, y se escuchó la voz clara y firme del hombre, con un tono algo frío:

—¿Qué quieres?

Diego:

—¿Estás en casa?

Romeo estaba de pie frente a los ventanales, mirando con sus fríos y afilados ojos la figura que esperaba abajo, en la entrada.

—Sí, ¿necesitas algo?

Diego guardó silencio por un par de segundos:

—¿Puedo subir un rato? Yo... necesito hablar contigo de algo.

Romeo apretó los labios y, tras un largo momento, desbloqueó la puerta de forma remota y dijo con frialdad:

—Sube.

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