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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 283

Amaya ni siquiera parpadeó, ni se movió un solo milímetro de donde estaba parada.

Sabía muy bien que, a escasos pasos, había un hombre listo para protegerla en todo momento.

Y tal como lo pensó, antes de que el bastón de Rubén llegara a rozarla, una mano grande le agarró la muñeca a la velocidad del rayo.

Antes de que Rubén pudiera reaccionar, el bastón se cayó al piso con un ruido seco.

Luego, le torcieron el brazo hacia la espalda, obligándolo a gritar de dolor mientras su cara se ponía morada del coraje y el sufrimiento.

—¡Amor!

—¡Rubén!

—¡Papá!

Las mujeres que habían salido detrás de Rubén, tanto las jóvenes como las mayores, gritaron al unísono.

Josefa estaba fuera de sí. Señalaba a Amaya y pataleaba del coraje, pero no se atrevía a acercarse:

—Amaya... ¿qué diablos quieres hacer? ¡Dile a tu matón que lo suelte ahorita mismo!

La abuela también se desesperó y rompió en llanto, con las lágrimas escurriéndole por el rostro arrugado:

—Ami, ¿qué necesidad hay de llegar a esto? Te estás portando muy mal. ¿No podíamos arreglar esto platicando como la familia que somos? ¿Cómo se te ocurre meterte a la fuerza y humillar así a tu suegro?

Amaya miró a la frágil anciana y sintió una pizca de lástima, pero ese sentimiento se disipó rápidamente con el resentimiento que le invadía el pecho.

Sabía que la abuela era la única de toda la familia Muñoz que la había tratado de forma más o menos decente, pero esa amabilidad nunca fue cariño sincero.

A fin de cuentas, solo eran apariencias vacías. Cuando Josefa la regañaba, la insultaba y se portaba pesada con ella, la anciana solo soltaba un par de palabras sin mucha importancia desde lejos.

Esa abuela jamás la había defendido de verdad.

En los cinco años que vivió caminando sobre cáscaras de huevo con la familia Muñoz, nadie la miró con respeto ni la trató como a una persona.

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