Se escuchó una bofetada seca.
El sonido fue fuerte y agudo, dejando a todo el reservado sumido en un silencio perturbador al instante.
Leonor retrajo el brazo de golpe y, al ver las marcas rojas de los dedos impresas en la mejilla de Amaya, se quedó en blanco y soltó sin pensarlo:
—Yo... Me equivoqué de persona. Quería pegarle a él.
Sofía enfureció. Dio un paso adelante, cubriendo a Amaya con su cuerpo para protegerla, y sin decir media palabra le soltó una bofetada a Leonor en la cara.
Sofía no se dejó intimidar y la miró con burla.
—Disculpa, yo también me equivoqué —dijo con sarcasmo—. Yo... Yo nada más quería pegarle al aire.
La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo.
Como la hija mayor de los Muñoz y directora del corporativo, Leonor había llevado una vida de lujos en los últimos años, acostumbrada a recibir halagos y respeto dondequiera que iba.
Esa era la primera vez en toda su vida que alguien la abofeteaba en público de esa manera; y para colmo, había sido con bastante fuerza.
Incluso, un hilillo de sangre le brotaba de la comisura de los labios.
La mirada de Leonor se volvió gélida. Fuera de sí por la furia, se lanzó hacia adelante, dispuesta a darle su merecido a Sofía.
Diego la frenó en seco sujetándole la muñeca. Su mirada reflejaba un gran hartazgo:
—¡Ya fue suficiente, Leonor!
—¿A dónde esperan que llegue todo esto peleando así? ¿Pueden calmarse las dos? ¿En serio viniste nomás a complicarme la existencia?
Diego sintió unas fuertes pulsaciones en la sien mientras observaba esa situación completamente caótica.
Estaba exhausto física y mentalmente, agotado por completo debido a tantas presiones.
Leonor levantó la vista y lo observó fijamente:
—Divórciate de Amaya, Diego. Ya me dio flojera intentar hacerla razonar.
—Pero escúchame bien: si se van a divorciar, está bien, pero esa niña lleva la sangre de la familia Muñoz. Es imposible que dejes que Amaya se la lleve. ¡Es una orden de papá, así que tú velo arreglando!
En ese instante, Leonor maldecía internamente el haber decidido involucrarse en todo ese desastre.


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