Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 1116

Tras haberle dado de comer más de diez frutillas, Sebastián se frotó los dedos pegajosos y dijo con tono impasible:

—Listo, ya no hay más. Deja de fingir que estás dormida y levántate.

Era cierto que Catalina se había desmayado, pero también era verdad que había recuperado la conciencia a la mitad de su improvisada comida.

Sin embargo, como la situación le resultaba tan vergonzosa, prefirió hacerse la dormida y no abrir los ojos.

No contaba con que Sebastián se daría cuenta tan fácilmente.

Al ser descubierta, fingió desperezarse, abrió los ojos lentamente y se sentó, estirando los brazos. Luego le dedicó una sonrisa traviesa y le sacó la lengua.

—Jeje, gracias por salvarme la vida otra vez, Sebas.

—¡De verdad me desmayé! ¡Te lo juro! —añadió rápidamente, levantando la mano como si estuviera rindiendo un juramento por temor a que no le creyera—. Seguro estos frutos son mágicos, porque con un poquito que probé, me desperté enseguida.

Sebastián la miró sin cambiar de expresión.

—¿Qué comiste hoy?

Catalina hizo un leve puchero.

—Para poder disfrutar del asado en la noche, me pasé todo el día a base de un solo huevo cocido en el desayuno.

Sebastián comprendió todo al instante. Ese desmayo no era más que un episodio de hipoglucemia.

Su ceño se frunció de inmediato.

—¿Es más importante cuidar la figura que tu propia vida?

Catalina rió con picardía.

—Pues claro. ¿Nunca has escuchado que hacer dieta es la condena eterna de cualquier mujer?

Sebastián soltó con frialdad:

—Nunca lo he escuchado, y tampoco me interesa.

Catalina se dio cuenta de que, no importaba qué tema intentara sacar, Sebastián siempre respondía con un muro de indiferencia.

Apoyó la barbilla en las manos y lo miró fijamente, con el ceño fruncido.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta