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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 1081

Afuera, resonaron los gritos de Valeria.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, ya había entrado a la sala de velación liderando a un grupo de personas.

Al ver que Amaya y Romeo también estaban allí, cargando a la pequeña Reni, Valeria se quedó pasmada por un segundo, pero de inmediato su voz se volvió aguda y estridente:

—Vaya, vaya. El viejo acaba de morir y ya vienes corriendo con la niña a pelear por la herencia, ¿eh?

—Amaya, ¿no crees que estás siendo demasiado codiciosa? ¿Acaso no te bastó con lo que le sacaste a la familia Ortega, que ahora vienes tras el patrimonio de la familia Muñoz? —Valeria la miraba con absoluto desprecio, con una expresión de triunfo mercantil, como si ya hubiera descifrado las verdaderas intenciones de su rival.

Amaya respondió con frialdad:

—Una persona con un corazón podrido solo ve podredumbre en todo lo que la rodea. Supongo que esa frase fue inventada para gente como tú.

El rostro de Valeria palideció de golpe.

—¡Amaya, tú...!

Pero Amaya ni siquiera se molestó en prestarle atención. Su mirada pasó directamente por encima de ella para enfocarse en los hombres de traje y maletín que la acompañaban.

—Lo siento, pero les voy a pedir que se retiren. Todavía no es el turno de ustedes para adquirir el Grupo Muñoz —dijo Amaya, con un tono gélido.

Al escuchar eso, los hombres se miraron entre sí, visiblemente desconcertados.

Diego Muñoz captó el mensaje oculto en las palabras de Amaya y la miró con absoluta estupefacción.

Valeria, como si hubiera escuchado el chiste más grande del mundo, esbozó una sonrisa cargada de burla.

—Amaya, ¿esto es una broma?

—¿Acaso sigues dormida? Hazme el favor de ubicarte en la realidad. El Grupo Muñoz dejó de tener que ver contigo hace mucho tiempo. ¡Te pido que dejes de meter las narices donde no te llaman!

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