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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 1080

—¡Ni hablar! ¡No hay nada que comprobar! ¡No voy a permitir que humilles así a mis hijos!

—¡Lo único que quieres es echarme! ¡Ya vi que no puedo ganar contra ustedes, así que tomaré a mis hijos y me largo!

Alba intentó sonar firme, pero el pánico ya se le notaba a kilómetros.

Los presentes se dieron cuenta de inmediato de la farsa y comenzaron a murmurar, criticando su cinismo y ambición.

—¡Un momento!

—Durante años te valiste de tu juventud y belleza para engañar a mi padre y sacarle una fortuna a nuestra familia. Por respeto a que esos niños supuestamente eran de él, estuve dispuesto a hacerme el de la vista gorda.

—¡Pero si resulta que esos bastardos ni siquiera llevan nuestra sangre, la cosa cambia por completo! ¡Alba, armaste un infierno en mi casa, y ahora crees que puedes simplemente agarrar tus cosas y largarte! ¡Ya es muy tarde!

Diego, con el rostro endurecido, le hizo una seña a los guardaespaldas. Antes de que Alba pudiera reaccionar, los hombres ya le habían arrancado unos cuantos cabellos a cada uno de sus tres hijos.

Al ver eso, el rostro de Alba se volvió gris ceniza. Se abalanzó desesperada tratando de protegerlos.

Pero, obviamente, no tenía la fuerza para enfrentarse a un grupo de guardaespaldas. Una vez que recolectaron las muestras, los hombres tomaron a los cuatro intrusos y los arrojaron sin piedad hasta la acera de enfrente.

La paz volvió a reinar en la sala de velación.

Diego, cargando a Reni, caminó hacia Amaya y Romeo. Sus ojos reflejaban una inmensa gratitud hacia ella.

—Ami, gracias. Si no hubiera sido por ese expediente, no habría sabido cómo quitármela de encima.

Amaya lo miró con absoluta calma:

—No fue nada, no tienes qué agradecer.

—Vamos, llevaré a Reni adentro para que se despida de tu padre.

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