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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 10

Para no amargarle más la vida, Sofía decidió tragarse el hecho de que Diego ni siquiera se había dignado a contestar el mensaje.

Y así, llegó el día en que Amaya salió del hospital y Diego siguió brillando por su ausencia.

Una vez dada de alta, se llevaron a Reni y a Marta para instalarse en Villa Los Olivos, un lujoso departamento completamente amueblado que Amaya había comprado hacía medio año.

El departamento de Sofía estaba justo enfrente. Ser vecinas de puerta era un sueño que ambas tenían desde que iban en la universidad.

Por eso, cuando Amaya se enteró de que estaban vendiendo el departamento de enfrente, no lo pensó dos veces y sacó la cartera.

El lugar ya tenía todo listo, aunque se sentía un poco frío y vacío.

Rápidamente, Sofía fue a su casa por cobijas, una cafetera y todo lo indispensable para vivir.

Amaya le hizo una lista a Marta para que fuera a surtir la despensa. Después, contrató una mudanza para llevarse todas las cosas que le había comprado a su bebé en la casa de Villa Jardín del Edén.

El sol se había metido por completo.

Fue hasta ese momento cuando Diego por fin le marcó.

Amaya vio «Mi amor» en la pantalla y no dudó ni un segundo: le colgó, renombró el contacto y lo bloqueó.

Al poco rato, sonó el celular de Sofía.

Ella contestó con el sarcasmo a flor de piel:

—Vaya, señor Muñoz, entre tantas ocupaciones, ¿al fin se acordó de que su esposa acaba de salir de la cuarentena y de que su hija ya cumplió el mes?

—Sofía, pásame a Amaya, por favor.

Diego habló con su habitual tono frío y calculador, como si estuviera dando una orden en la oficina.

Apenas había llegado a su casa, traía en la mano la bolsa de ropa y juguetes que le había comprado especialmente a la bebé.

Juraba que al abrir la puerta se encontraría con la mesa puesta y una cena caliente, pero en lugar de eso, lo recibió un patio lleno de cenizas y pilares chamuscados.

La sala y la recámara principal estaban hechas un desastre, parecía que les hubieran caído los ladrones.

Sofía le descargó toda esa rabia de golpe y le colgó sin darle oportunidad de responder.

Diego se quedó congelado con el teléfono en la mano, un ligero temblor le recorría el brazo. Estaba desconcertado.

¿Por qué Amaya no le había dicho que traía tanto trabajo durante el embarazo?

¿Por qué no le había contado que sufrió una hemorragia en el parto?

¿Y cómo que no dormía, si hasta le había puesto una niñera y ayuda en la casa?

Además, ¿qué tenía de malo agregar un simple nombre en un diseño? Ni siquiera iba a dejar que Vera se metiera de verdad; no le veía la gran cosa.

Y luego… ¿eso de la bajada de la leche dolía tanto?

Vera jamás se había quejado de un dolor así…

Tampoco era que se hubiera desatendido del festejo de su hija. Su plan inicial era hacer una sola fiesta junto con la de Mati, pero como Vera se negó, decidió que a su hija le haría una celebración cuando cumpliera tres meses.

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