C79- ¿SEGURA QUE ES TUYA?
Sin mediar palabra, Elías se giró hacia el pasillo, sin embargo, no llegó a tocar el pomo, porque la puerta se abrió de golpe antes de que su mano lo alcanzara, y la figura imponente de Braxton bloqueó el paso.
Braxton no había esperado pacientemente; había escuchado cada palabra, cada confesión de Jodie, y el aire que lo rodeaba parecía estar a punto de arder.
—Te lo advertí, infeliz —rugió antes de lanzar un derechazo seco y preciso que impactó de lleno en el pómulo de Elías.
Elías se tambaleó hacia atrás, con la cabeza lanzada hacia un lado, pero el impacto, lejos de amedrentarlo, encendió su rabia. Se estabilizó de inmediato, escupió un hilo de sangre y se abalanzó contra Braxton con la desesperación de un animal acorralado que no tiene nada que perder.
En consecuencia, el pasillo se convirtió en un campo de batalla estrecho y caótico. Ambos hombres se trenzaron en un agarre feroz, chocando contra las paredes y derribando los cuadros que Jodie había colgado con tanto esmero. Elías lanzaba golpes desordenados, cegado por la humillación y el dolor de saber que Jodie se había entregado a otro, mientras que Braxton peleaba con una técnica superior, moviéndose con la eficiencia de quien sabe exactamente dónde causar el mayor daño.
Como resultado ambos salieron disparados hacia la sala de estar.
Elías empujó a Braxton con todas sus fuerzas, pero este se mantuvo firme y, en el forcejeo, ambos cayeron pesadamente sobre la mesa de centro de madera y cristal.
Por su parte Jodie estaba al borde del colapso. Estos hombres no solo destruían su departamento, sino que seguramente la echarían.
—¡Basta! ¡Deténganse los dos ahora mismo! —gritó, con las manos temblando violentamente a los costados de su cuerpo.
Sin embargo, ninguno de los dos hombres parecía registrar su presencia.
Para ellos, el mundo se había reducido al hombre que tenían enfrente. Elías se levantó entre los restos de madera, con el labio partido y un ojo empezando a hincharse, pero su mirada seguía clavada en Braxton con un odio puro.
—¡Ella me ama! —gritó lanzándose de nuevo, logrando conectar un golpe en las costillas de Braxton—. ¡Tú no eres nada para ella, solo un consuelo barato!
Braxton soltó un gruñido de dolor, pero ni siquiera retrocedió.
Con una agilidad pasmosa, esquivó el siguiente movimiento de Elías y le propinó un rodillazo en el estómago que le sacó todo el aire y, aprovechando el desequilibrio, lo proyectó contra el sofá. La superioridad de Braxton era evidente; no solo era más fuerte, sino que su calma fría lo hacía mucho más peligroso que la histeria de Elías.
—¿Seguro que es tuya? No lo parecía cuando gemía mi nombre.
—Braxton... por favor... —suplicó ella—. Ya basta. No vale la pena. No lo hagas por él, hazlo por mí. Suéltalo.
Braxton se quedó congelado.
La tensión en su brazo era tal que Jodie sentía que estaba sujetando una viga de acero a punto de romperse. Él giró la cabeza lentamente hacia ella y su respiración era fría, sus ojos aún mostraban furia asesina, pero al ver el miedo y el agotamiento en su rostro, algo en su interior se aplacó. La obediencia hacia ella no nacía de la debilidad, sino de un sentimiento que Elías jamás entendería.
Lentamente, abrió los dedos y soltó el cuello de Elías, quien cayó al suelo tosiendo y tratando de recuperar el aliento.
—Lárgate —le ordenó Braxton, señalando la puerta con un gesto seco—. Ahora. Antes de que cambie de opinión y ella no pueda detenerme.
Elías se levantó del suelo con torpeza, limpiándose la sangre con la manga. Miró a Jodie, esperando encontrar una chispa de compasión, un rastro del amor que él juraba que ella sentía.
Pero Jodie solo lo miraba con una frialdad que le dolió más que los golpes de Braxton. Ella no se acercó a ayudarlo. Se quedó al lado de él, marcando una línea invisible que quizás ya no podía cruzar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!