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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 77

C78-¿ESTÁS COGIENDO CON ESE TIPO?

—¿Qué haces en el departamento de mi novia? ¿Dónde está Jodie?

Braxton no retrocedió ni un centímetro. Al contrario, se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Elias con una arrogancia suicida. La pólvora entre ambos era tan real que parecía que cualquier parpadeo fuera a prender la mecha. Se midieron en silencio, dos depredadores disputándose el mismo territorio, hasta que el roce de unos pies descalzos sobre la madera rompió el hechizo.

Jodie apareció detrás de Braxton.

En ese momento, el mundo de Elías se redujo a ella. Sus ojos, oscuros y febriles, recorrieron el cuerpo de Jodie con una intensidad que quemaba. Se detuvieron en su pijama de seda, en su cabello algo revuelto y en la familiaridad con la que el tipo que estaba frente a él permanecía de pie en ese espacio. Sus manos se cerraron tan fuertes que sus nudillos perdieron todo color; era el gesto de un hombre que ve cómo se le escapa entre los dedos lo único que realmente ha llegado a importarle, y el dolor de esa comprensión se transformó en una furia ciega.

Por su parte, Jodie sintió un vuelco en el estómago que la dejó mareada.

Ver a Elías allí, con esa expresión de propiedad herida, era como recibir una descarga eléctrica en una herida abierta. Lo amaba. El problema era que ese amor, lejos de ser un refugio, se había convertido en su propia ejecución. Porque cada beso, cada palabra susurrada al oído, solo confirmaba que él solo la había usado como una llave para destruir al esposo de su amiga.

La había convertido en una traidora y él, en el fondo, seguía suspirando por Savanna.

—Braxton —logró decir ella, luchando por no quebrarse—. Por favor, déjanos.

Braxton se giró hacia ella con una mirada de absoluta incredulidad.

—¿Qué? ¡Ni hablar! No voy a dejarte sola con este tipo.

—Yo tengo que arreglar esto, no tú —insistió Jodie, clavando sus ojos en los de Braxton con una seriedad gélida que rara vez mostraba—. Por favor.

El silencio que siguió fue tenso.

Braxton apretó los dientes, mirando a Elías como si estuviera calculando exactamente dónde asestar el primer golpe. Sin embargo, al ver la determinación en el rostro de Jodie, soltó un suspiro cargado de resentimiento.

—No voy a irme —gruñó, señalando con un dedo a Elías—. Esperaré en el cuarto. Si escucho que levantas la voz, no me va a importar lo que ella diga.

Dio media vuelta y caminó hacia la habitación, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en todo el departamento.

Ya solos, la atmósfera cambió de la violencia física a una agonía emocional mucho más profunda.

Elías no perdió tiempo.

—¡¿Es por él?! —espetó tomándola de los brazos con un agarre de acero y sacudiéndola—. ¿Es por eso que me echas? ¡Dime la verdad, Jodie! ¿Estás cogiendo con ese tipo? ¿Es eso? ¿Te lo cogiste en esa cama donde me jurabas que eras mía?

Jodie lo miró fijamente.

Sus ojos estaban empañados, pero su expresión era de puro hielo. El dolor en su pecho era un huracán, pero las ganas de lastimarlo, de herirlo tan profundamente como él la había herido a ella, ganaron la batalla.

—Sí —susurró ella, con una sonrisa triste y letal—. Sí, me acosté con él. Y fue mil veces mejor de lo que jamás fue contigo, porque él no tiene que fingir que me quiere para obtener lo que desea.

Elías se quedó petrificado.

Sus labios se apretaron hasta volverse una línea blanca y la soltó bruscamente, como si su piel de repente le transmitiera una enfermedad. Jodie pensó, por un segundo, que él simplemente se derrumbaría.

Pero la sombra que cruzó su rostro fue de una furia ciega.

Sin mediar palabra, se giró hacia el pasillo y caminó con paso pesado y decidido directo hacia la puerta de la habitación.

Hacia Braxton.

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