C67- MASCULINO Y PELIGROSO.
Jodie dio un paso atrás, buscando distancia. Pero Braxton la siguió con suavidad, sin tocarla, hasta que la espalda de ella rozó la pared.
—¿De verdad querés que me vaya? —preguntó directo.
Se quitó las gafas con lentitud y las dejó sobre la mesa. Sin ellas, sus ojos azules la miraron sin filtros, intensos, hambrientos. La química entre ellos vibraba en el aire, casi palpable, haciendo que el corazón de Jodie latiera tan fuerte que sentía cada golpe contra sus costillas.
De repente Braxton se apartó despacio, dándole tiempo a Jodie de irse, antes de hacer lo que estaba deseando.
Ella no lo hizo y él… él la besó.
El beso empezó lento, profundo, cargado de toda la tensión que habían acumulado. Sus labios se movieron con hambre contenida, saboreándose. Pero ella lo interrumpió de golpe, respirando agitada, confundida y excitada.
Braxton sonrió.
—No tengo prisa.
Cuando él empezó a apartarse, Jodie lo agarró de la nuca y lo atrajo de nuevo.
Esta vez el beso se volvió intenso, pasional, casi desesperado.
Ambos se consumieron.
Braxton la empujó contra la pared, dominándola. Su boca bajó por su cuello, besando, succionando, mordiendo suave y Jodie cerró los ojos, dejándose llevar, sintiendo cómo su cuerpo entero se consumía en un fuego que nunca había sentido. Sin saber por qué, buscó la boca de él otra vez y lo besó con posesión, aferrándose al cabello oscuro de Braxton.
Él la dejó hacer.
Sus lenguas jugaron, el beso se volvió húmedo, salvaje, lleno de necesidad.
Se apartaron jadeando y en los ojos de Braxton brillaba deseo puro, devoción y adoración.
En los de Jodie había deseo… pero también miedo.
Aun así, llevó las manos al pecho de él y empezó a desabotonar la camisa, botón por botón, despacio, mientras Braxton esperaba en silencio.
Jodie abrió la camisa y la deslizó por sus hombros.
Su torso era hermoso: piel dorada, músculos definidos en los lugares exactos, hombros anchos, abdomen marcado. Pero lo que más la cautivó fue el tatuaje negro que cubría gran parte de su pectoral izquierdo: un cuervo elegante y oscuro con alas extendidas, rodeado de símbolos antiguos.
Bajó la mirada.
Braxton estaba completamente excitado.
Su pene era grueso, largo, con una ligera curva hacia arriba y venas marcadas. La cabeza ancha brillaba ligeramente. Todo él era masculino, apetecible, imponente.
Jodie sintió un calor líquido entre las piernas y Braxton sonrió de forma sensual y muy peligrosa.
—Mi turno —dijo.
La miró un segundo antes de levantarla sin esfuerzo, cargándola contra su pecho. Caminó hasta el sofá y la sentó con cuidado en el borde, luego se arrodilló frente a ella como si estuviera adorando algo sagrado.
Con manos firmes pero reverentes, deslizó la bata de seda por sus hombros y la dejó caer al suelo. Le quitó el conjunto de lencería despacio, besando cada centímetro de piel que descubría. Sus labios recorrieron los muslos de Jodie, subiendo lento, mordiendo suave, dejando un rastro de fuego.
Y ella temblaba al igual que su corazón.
Cuando estuvo completamente desnuda, Braxton levantó la mirada y sus ojos azules brillaban de deseo.
—Eres jodidamente perfecta… cada curva, cada rincón —murmuró con voz ronca—. Podría pasar horas solo mirándote.
Jodie sonrió y él le devolvió la sonrisa, antes de abrir sus muslos y hundirse entre ellos.
—Joder… estás tan apretada y mojada —gruñó Braxton, clavando los dedos en sus caderas.
Empezaron a moverse.
Jodie cabalgaba con fuerza, subiendo y bajando, girando las caderas. Mientras Braxton empujaba hacia arriba, profundo y salvaje, chocando contra ella. El sonido de piel contra piel era obsceno y delicioso.
Y mientras la poseía, besaba su cuello, mordía sus pechos, chupaba sus pezones, de una forma que jamás esperó; era como si no tuviera control.
En cuanto a Jodie, sentía cada embestida como un rayo.
El grosor de Braxton la llenaba por completo y el placer crecía cada vez, volviéndose más intenso y por supuesto más peligroso.
—Así… móntame más fuerte —exigió él, tensando cada músculo de su cuerpo.
Ella obedeció.
Sus movimientos se volvieron frenéticos. En este punto, ambos sudaban, jadeaban, se besaban con violencia.
Entonces Jodie se tensó primero.
—Braxton… voy a…
—Córrete conmigo —gruñó él contra su boca, sin dejar de embestir hacia arriba—. Déjate ir…
El orgasmo los golpeó al mismo tiempo.
Jodie se contrajo violentamente alrededor de su polla, ordeñándolo, y Braxton empujó profundo una última vez y se derramó dentro de ella con un gemido gutural, llenándola mientras sus cuerpos temblaban juntos, pegados, consumidos por ese fuego que había nacido entre los dos.
No dijeron nada, solo se quedaron así, abrazados, respirando agitados, todavía unidos.

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