C134- PORQUE TÚ ERES MÍA
Jodie corrió hacia él y lo tomó del brazo con desesperación.
—¡No! ¡Braxton, no!
Él se giró como un animal herido, sus ojos estaban salvajes, inyectados en sangre, llenos de una rabia tan visceral que parecía consumirlo desde adentro.
—¿Cómo que no? —su voz se quebró—. ¡Te violó! ¡Ese hijo de puta te drogó y te violó!
Las palabras salieron como un rugido desgarrado, como si cada sílaba le arrancara un pedazo del alma.
—¡Lo sé! ¡Pero no puedes hacer nada!
—¡Claro que puedo! —gritó, y su voz se rompió en un sollozo ahogado—. ¡Puedo matarlo! ¡Puedo hacerle pagar por cada segundo que te tocó!
Se llevó las manos a la cabeza y tironeó su propio cabello con fuerza, buscando que el dolor físico pudiera aplacar la agonía que lo destrozaba por dentro.
—¡Por lo que más quieras Jodie… déjame hacerlo!
—¡No! ¡Porque te destruirás en el proceso! ¡Eso es lo que no quiero!
Braxton respiró entrecortadamente, su pecho subía y bajaba de forma errática, entonces las lágrimas comenzaron a caer.
Lágrimas de rabia.
De dolor insoportable.
De impotencia absoluta.
—No puedes... —su voz se quebró completamente—. No puedes pedirme que no haga nada.
Se dejó caer contra la pared, dejándose caer y se cubrió el rostro con las manos mientras sollozaba.
—Te lastimó —gimió entre lágrimas—. Ese maldito bastardo te lastimó y yo... yo no estuve ahí. No pude protegerte. No pude...
Su voz se ahogó en un llanto desgarrador. El tipo de llanto que sale desde lo más profundo del pecho.
Que duele. Que quema.
—No te estoy pidiendo que no hagas nada —dijo Jodie, acercándose con cuidado—. Te estoy pidiendo que no cometas una locura. Savanna se va a encargar. Ella...
—¡Me importa un carajo Savanna! —rugió, golpeando la pared con el puño. —¡Me importas tú! —sollozó—. ¡Solo tú!
Jodie también se desplomó contra la pared, deslizándose hasta quedar sentada junto a él.
—Por favor… —sollozó —Si te ensucias por mi culpa… nunca voy a perdonármelo…
Los labios de Braxton temblaron mientras la miraba, de repente acunó su cara, mientras la culpa y el hecho de no haber sabido nada por tanto tiempo, lo azotaba.
—Yo debí estar ahí —gimió—. Debí protegerte. Debí...
Jodie negó y también le tomó del rostro con ambas manos.
—Por favor —susurró ella—. Por favor, Braxton. No hagas algo de lo que te arrepientas.
Él cerró los ojos con fuerza e intentó calmarse. Pero la rabia seguía ahí, pulsando en sus venas.
Exigiendo justicia. Exigiendo lo único que podía compensarlo… sangre.
—No puedo... —negó—. No puedo dejarlo pasar. No puedo vivir sabiendo que ese bastardo está ahí afuera. Respirando. Mientras tú...
Se quebró de nuevo y sollozó tan fuerte que su cuerpo entero se sacudió.
—No puedes decir eso. No cuando hay una posibilidad de que...
—No. Me. Importa.
La interrumpió y su voz era firme, inquebrantable en todas sus maneras. A pesar de las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas.
—Ese bebé es mío. Porque tú eres mía y nada de lo que ese bastardo hizo va a cambiar eso. ¿Me oyes? Nada.
Se le quebró la voz de nuevo, pero no apartó la mirada.
—Él puede haberte tocado, puede haberte lastimado. Pero no puede quitarte de mí, ni destruir lo que tenemos. No le voy a dar ese poder.
Jodie se quebró completamente, mirándolo con el corazón latiendo más fuerte que en toda su vida, de repente lo abrazó violentamente y Braxton la sostuvo mientras ella se desmoronaba en sus brazos.
—Estoy aquí —susurró contra su cabello, su propia voz rota por el llanto—. Estoy aquí, mi amor.
—¿Y si no es tuyo? —sollozó ella contra su pecho—. ¿Y si es de él?
Braxton cerró los ojos con fuerza y su abrazo se hizo más fuerte.
—Entonces lo amaré de todas formas —dijo, su voz temblando pero firme—. Porque es parte de ti. Y yo te amo a ti y eso significa que amo todo lo que venga de ti, nena…
Jodie lo miró. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, de incredulidad, de esperanza desesperada.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes...?
Braxton le limpió las lágrimas con sus pulgares.
—Porque te amo —susurró—. Porque eres la mujer de mi vida. Porque sin ti, no soy nada.
Jodie lloró más fuerte y lo abrazó de nuevo. Se quedaron ahí, en el piso abrazados y de alguna manera sanando.

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