C12- ¿TE ENAMORASTE DE ESE DESCONOCIDO?
En Hayes Holding, Arthur estaba furioso. Más que furioso. Estaba al borde de un ataque de nervios.
Su nueva oficina era una caja de zapatos comparada con la presidencial. Sin ventanales panorámicos, sin muebles de caoba importada, sin el retrato de su hermano colgando en la pared como recordatorio de todo lo que era de él, ahora era suyo.
Había tenido que desocupar la oficina presidencial frente a toda la junta directiva. Cargar sus cosas en cajas mientras esa pequeña perra lo miraba con esa sonrisa de satisfacción.
La humillación había sido demasiada, pero juró que le saldría muy cara a Savanna. Detrás de él, su secretario Oliver se retorcía las manos nerviosamente.
—Señor... creo que debería calmarse, ahora...
—¡No me calmo un carajo! —exclamó golpeando la mesa con tanta fuerza que el portaplumas saltó—. Esa mocosa cree que puede quitarme lo que es mío. ¡Mío! —escupió—. Una mujer que no sabe nada de negocios reales.
Se paseó por la pequeña oficina como un animal enjaulado.
—Mi hermano, Alastair, era un idiota sentimental. Pero al menos era un hombre. Sabía cómo funcionaba este mundo. Pero ella... —rio sin humor—. Ella cree que puede dirigir esta empresa porque papá se lo dejó en un papel.
Oliver tragó saliva.
—Señor, técnicamente el testamento es legal y...
—¡Me importa una m****a lo que sea legal! —rugió Arthur—. Yo tengo más derecho que mi propio hermano. Alastair no era capaz de tomar decisiones difíciles. Por eso esta empresa casi se fue a la quiebra tres veces antes de que yo interviniera.
Se dejó caer en su silla, sacando un puro del cajón. Lo encendió con manos temblorosas, dando una calada profunda.
—Y ahora esa pequeña zorra trae a un pobretón cualquiera y lo hace pasar por su esposo. ¿Cree que soy estúpido?
Oliver no respondió. Conocía a su jefe lo suficiente como para saber que las preguntas retóricas no requerían respuesta.
Arthur exhaló el humo lentamente, mientras su expresión pasaba de la rabia a algo más frío.
—Voy a quitarla del medio. A ella y a su nuevo marido muerto de hambre.
Se reclinó en la silla, dando otra calada al puro.
—Contacta a Gerald Thornton y dile que necesitamos hablar.
La cara de Oliver palideció instantáneamente.
—Señor... no va a hacer lo que creo que va a hacer, ¿verdad?
Arthur sonrió.
—Es exactamente lo que piensas. Mi querida sobrina tendrá que enfrentar su primera gran pérdida como presidenta —exhaló el humo—. Y será espectacular.
Oliver dio un paso atrás.
—Pero señor, el contrato con Thornton Industries vale cincuenta millones. Es el acuerdo más grande del trimestre. Si lo sabotea...
—Si lo saboteo, la junta directiva verá que Savanna no es capaz de mantener las relaciones comerciales clave —lo interrumpió Arthur—. Verán que bajo su liderazgo, la empresa pierde contratos millonarios. Y cuando eso pase, cuando los números caigan y los accionistas entren en pánico...
Dio otra calada al puro, saboreando el momento.
—Entonces votarán para removerla. Y yo estaré allí, esperando para tomar mi lugar legítimo.
—Cállate, Jodie —siseó Savanna, ahora más fuerte—. Puede escucharnos.
Su amiga se quedó muda.
—Carajos… —murmuró—. ¿Acaso estás enamorada de él? ¿Es eso? ¿Te enamoraste de ese desconocido?
La pregunta golpeó a Savanna como un impacto físico. Abrió la boca para soltar una negativa tajante, para reírse de la idea, pero el sonido no salió. Y se quedó allí, con los labios entreabiertos, mientras el recuerdo del beso en la junta y el roce de hace un segundo se entrelazaban en su pecho.
El silencio se prolongó demasiado, confirmando lo que ella no se atrevía a decir.
Pero antes de que Jodie pudiera insistir, su teléfono comenzó a vibrar y ella miró la pantalla.
—¿Qué pasa, Mackenzie? —contestó Jodie rápido.
Savanna observó cómo los ojos de su amiga se dilataban.
—¿Qué? No... eso no puede ser. —Jodie tragó saliva, mirando a Savanna con una expresión de puro terror—. Ya vamos para allá.
Colgó el teléfono y el silencio que siguió fue sepulcral. Savanna sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies y temió lo peor.
—¿Qué pasó? Es mi padre, ¿verdad? ¿Le pasó algo?
Jodie negó con la cabeza, respirando con dificultad.
—No es tu padre, Sav. Es Gerald Thornton. Acaba de cancelar el contrato, por lo que el fondo de inversión se retira… La empresa perdió 50 millones en diez minutos, amiga. ¿Sabes lo que significa? El consejo… va a pedir tu cabeza.

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