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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 11

C11- ¿INTERRUMPO ALGO?

Savanna casi deja caer su taza de café.

—¿Q.. qué?

Jodie abrió su bolso y sacó su iPad.

—No hay registro de ningún Ian Smith como SEAL —dijo, señalando una de las páginas en la pantalla—. Busqué en todas las bases de datos públicas, contacté a un amigo en el Departamento de Defensa. Nada. Ese nombre no existe en los registros militares.

El estómago de Savanna se contrajo, aun si le dio el beneficio de la duda.

—Pero… eso no significa...

—Está mintiendo —la interrumpió Jodie, mirándola directamente—. La pregunta es... ¿por qué?

Savanna se quedó congelada. Una persona normal dudaría, llamaría a la policía, pero ella… ella no quería hacerlo. Algo dentro de ella la obligaba a confiar.

—No, tiene que haber un error… Tal vez usó otro nombre —sugirió.

—¿Otro nombre? Sav, escúchate. Te casaste con un hombre que ni siquiera sabes si es quien dice ser.

Savanna miró el iPad y supo que lo que decía su amiga era verdad. No había ningún dato de Ian Smith. Eso debería asustarla. Pero cuando pensaba en Ian, lo único que sentía era... seguridad.

Como si él fuera la única persona en el mundo que realmente la protegería.

—Lo sé —respondió.

—¿Y no te asusta eso?

—No —respondió finalmente, mirándola decidida—. No me asusta.

Jodie la miró como si hubiera perdido la cabeza.

—¿Estás bromeando? Podría ser cualquiera. Un estafador, un criminal, un...

—Un hombre que casi estrangula a mi tío por insultarme —terminó Savanna—. Un hombre que me defendió sin que se lo pidiera. Un hombre que...

Se detuvo, dándose cuenta de lo que estaba a punto de decir. Entonces Jodie entrecerró los ojos.

—¿Un hombre que qué, Savanna?

—Nada.

—No. Dilo.

—O podrías echarlo de tu casa y buscar otro plan para lidiar con Arthur.

Savanna negó con la cabeza.

—No. Lo necesito.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas, su amiga la miró con una mezcla de preocupación y comprensión.

—¿Lo necesitas o lo quieres?

Savanna no respondió. Porque la verdad era que no sabía la respuesta.

De repente el sonido de la clave siendo marcada, las hizo girar hacia la puerta. Ian entró, con una camiseta gris empapada de sudor pegada a su cuerpo y audífonos colgando de su cuello.

Se detuvo al verlas.

—Buenos días —dijo, con voz neutral.

Sus ojos se movieron de Savanna a Jodie, luego al iPad sobre la mesa. Algo cambió en su expresión, pero fue apenas perceptible.

—¿Interrumpo algo?

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