Madre e hija se pasaron un buen rato despotricando juntas contra Esther.
Sin saber que estaba siendo maldecida, Esther seguía muy ocupada escribiendo código.
Como era de esperar, Patricia le mandó de nuevo, casi como si estuviera fichando en un trabajo, un video de Ignacio con el niño. Sin pensarlo dos veces, Esther volvió a grabar la pantalla. Y tal como siempre, Patricia borró el mensaje a los dos minutos.
Esther la provocó directamente: *Esa prueba de ADN que me enviaste aquel día era falsa. No creas que por haberla borrado no me di cuenta.*
Para su sorpresa, Patricia no respondió. Al no obtener las pruebas que esperaba, Esther se sintió muy frustrada.
Ya se había hecho a la idea del peor escenario. A lo mucho tendría que pasar por un largo proceso legal; en dos años a más tardar conseguiría el divorcio.
Era mejor eso que seguir atrapada en un matrimonio de burla durante diez o veinte años.
De cualquier manera, no estaba detrás de la fortuna de Ignacio. Si el divorcio llegaba a los tribunales, tarde o temprano se iba a divorciar; era solo cuestión de tiempo.
Pero lo que más le asustaba a Esther era que ese mes no le había bajado; ya tenía una semana de retraso.
Tenía pánico de estar embarazada. Ahora menos que nunca quería tener un hijo de Ignacio.
A la mañana siguiente, Esther pidió una prueba de embarazo por aplicación: salieron dos rayitas rojas muy marcadas.
Le dolían los ojos al mirar el resultado, y sentía un escalofrío en la nuca. Ese maldito desgraciado había encontrado la manera de arruinarle la vida justo al final.
Planeaba ir al hospital el fin de semana para agendar un aborto. Quería cortar cualquier lazo con él.
Tener un hijo suyo solo le traería problemas. Además, a los hombres solo les importan los hijos de las mujeres que aman; bastaba con ver cómo trataba a Cristian.
Después de desayunar, se dirigió a Sistemas Polaris, la empresa fundada por Camilo. El puesto que le había asignado era el de Directora de Tecnología.
El asistente de Camilo le dio un recorrido general por la empresa, y luego Camilo la acompañó a su oficina. Lleno de curiosidad, le preguntó:
—Ese esposo tuyo que estaba tan grave por fin te dejó salir a trabajar. ¿Acaso ya falleció?
Fingiendo que era la primera vez que lo veía, Esther asintió hacia él. Ignacio no respondió al gesto.
Patricia casi se ríe a carcajadas. Su mensaje era evidente: *¿Y qué si tienes un acta de matrimonio? Él de todos modos no te reconoce.*
Ante este desprecio, Esther no tenía escapatoria.
A Camilo le pareció extraña la dinámica entre los tres, pero no le dio muchas vueltas.
Esther era una mujer con una vida muy dura. ¿Qué conexión podría tener con un gigante del capital de riesgo?
A continuación, Camilo presentó a Esther frente a Ignacio con muchísimo orgullo:
—Esta es mi compañera de la universidad más talentosa, Esther Becerra. La traje como Directora de Tecnología con una oferta de primera. De hecho, la invité desde que fundé la empresa, pero lamentablemente su marido enfermo se lo impidió. No entiendo si ese sujeto tenía problemas en la cabeza para prohibirle a su esposa que trabajara.
Esther entrecerró los ojos; el rostro de Ignacio se puso verde del coraje.

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