Cuando la inmensa pantalla colgada en el muro proyectó el video de vigilancia, revelando por completo la verdad...
El rostro de Leandro pasó de estar helado a paralizado, y de paralizado a endurecido.
Finalmente, adquirió un tono grisáceo, como si le hubieran drenado toda la sangre.
—¿Ya lo viste bien? ¿Me puedes explicar en qué momento Ana o Sebastián ofendieron a tu 'querida hija'? —preguntó Lorenzo.
Los pálidos labios de Leandro apenas se movieron.
—Fue un malentendido.
Sin embargo, de pronto recordó algo.
Y miró fijamente a Lorenzo, evaluándolo.
—¿No estabas saliendo con Lucía Corona? ¿Qué pasa con estos gemelos?
El ego herido de Leandro intentaba defenderse.
Si Lorenzo ya tenía hijos, entonces... los berrinches de Lucía durante todo este tiempo habían sido un acto patético, y Lorenzo seguramente se había reído de ellos a sus espaldas.
—¿Yo saliendo con Lucía? Leandro, ella salió huyendo humillada aquel día, ¿acaso Isabel no te lo contó cuando regresó? —Lorenzo soltó una carcajada burlona.
Leandro bajó la mirada.
—Lo siento —se disculpó formalmente—. Me dejé llevar por el amor a mi hija. Suelo consentirla demasiado. Al recibir su llamada diciendo que la estaban molestando, vine directo con la intención de protegerla. Pido disculpas por haber acusado injustamente a Ana y a su hermano antes de saber la verdad.
—¡Perdón! —Le dijo a Ana, mirándola con sinceridad—. Lamento lo de hoy.
Luego miró a Sebastián, cruzando su mirada con esos ojitos afilados e inteligentes.
Sintió que una mirada penetrante atravesaba su pecho, leía su interior y exponía todas sus inseguridades ante la luz.
Leandro apretó los puños.
Y utilizando el tono que usaría con un rival digno, ofreció sus disculpas.
—¡Lo siento, Sebastián! Hoy te acusé injustamente.
Como el video se había transmitido públicamente, todos los presentes se habían enterado de lo ocurrido.
Los curiosos observaban con caras de burla, murmurando sobre la falta de educación de Valentina.
Leandro, intentando arreglar la situación, la animó:
—Valentina, ven. Pídeles disculpas a tus compañeros.
—¡¡No quiero!! —Valentina pasó de llorar en silencio a un berrinche colosal.
Leandro le habló con dulzura.
—Mira, todos esos señores y señoras te están mirando. Los niños buenos son valientes y saben admitir sus errores. Vamos, mi princesa, tú puedes.
—Isabel, ¿olvidaste tomar tus pastillas hoy?
—¡No te hagas el gracioso! Unos mocosos que apenas dejaron los pañales estaban jugando y dijeron un par de cosas feas porque no estaban de acuerdo, eso es todo. Mi niña es inocente y tus hijos no perdieron ningún pedazo. Al presionarla para que pida perdón... mírala, la asustaste tanto que la hiciste llorar.
Horacio Valadez, un importante director que había salido del salón con Isabel, intentó calmarla de inmediato.
—Señorita Molina, tranquilícese por favor.
Isabel levantó la barbilla, obstinada.
—Lorenzo Lira hizo llorar a mi sobrina, no puedo estar tranquila.
Valadez bajó la voz e intentó persuadirla.
—En los negocios siempre es mejor llevar la fiesta en paz. No nos conviene ofender al señor Lira.
—¿Acaso le tenemos miedo? —Isabel le dedicó a Lorenzo una mirada de absoluto desprecio.
Valadez se sintió incómodo, pero trató de insistir con tacto.
—La actitud de la niña no fue la más adecuada... Dejemos las cosas así por hoy, una disculpa y transformemos un problema grande en uno pequeño.
Isabel se volvió hacia Valadez con expresión sombría y lo enfrentó:
—¡Con lo que está diciendo, parece que mi niña le hubiera hecho algo horrible a los gemelos! Mírelos bien usted mismo. ¿Acaso les falta algún pedazo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...