Al escucharlo decir esto, Úrsula soltó un suspiro de alivio, y un brillo perverso cruzó por su mirada.
Tenía que aprovechar esta oportunidad, no podía permitir que esos dos tuvieran ningún tipo de contacto. Necesitaba quedar embarazada de un bebé lo más rápido posible para asegurar su lugar en la familia Fajardo. Así, para cuando Alberto recuperara su identidad, ella ya tendría un bebé suyo, y Zulema no tendría más remedio que divorciarse.
—Qué bueno que lo entiendas. Todo a su tiempo, no hay necesidad de apresurarse.
En ese preciso momento, la puerta de la oficina se abrió de un golpe. El asistente de Alberto entró corriendo, con el pánico reflejado en el rostro y la frente cubierta de sudor frío por la prisa.
Su voz salió entrecortada y asustada.
—¡Señor Fajardo, malas noticias! ¡Ha ocurrido algo grave!
Alberto lo miró con severidad.
—Habla claro. ¿A qué viene tanta prisa y tanto escándalo?
El asistente se humedeció los labios y habló.
—¡Señor Fajardo, el Proyecto de Desarrollo del Sector Oeste ha sido suspendido por completo de forma repentina! Los contratistas se niegan a dar información sobre quién ordenó la suspensión. Hemos invertido muchísimo en las etapas iniciales; si no solucionamos esto en tres días, ¡la empresa perderá cientos de millones!
El rostro de Alberto se oscureció al instante. Las ganas de ir a hablar con Zulema desaparecieron por completo. Soltó a Úrsula, tomó su saco de inmediato y se dispuso a salir.
—¡Preparen el auto! ¡Voy a encargarme de esto ahora mismo!
Alberto sentía que el mundo se le venía encima. ¿Cómo era posible que pasara esto? ¿Quién movía los hilos detrás de todo? Si descubría quién era, no lo dejaría pasar por alto.
Mientras caminaba hacia afuera, tomó apresuradamente su celular y marcó el número de Zulema.
Una vez que la llamada conectó, su tono denotaba ansiedad.
—Zulema, tendremos que cancelar el almuerzo de hoy. Ha surgido una crisis enorme con un proyecto importante de la empresa y debo ir a resolverlo de inmediato. En cuanto me desocupe, te buscaré para hablar detalladamente sobre el compromiso.
Zulema, por su parte, sintió una secreta alegría al escuchar eso y contestó con total frialdad.
—Entendido.
Acto seguido, colgó. Aunque no hubiera pasado nada del lado de Alberto, de todas formas, no tenía la menor intención de ir a ese almuerzo.

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