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Volví a Nacer Cuando Él Fingió Morir romance Capítulo 138

Dio un par de pasos al frente y se dirigió a Don Patricio en tono sereno.

—Don Patricio, si no necesitan nada más de mí, me retiro. Milagros está sola en casa y me preocupa.

La actitud de Don Patricio hacia ella había cambiado drásticamente desde el momento en que había entrado. Asintió e incluso le respondió con una inusual cordialidad.

—Está bien, vete. Zuly, si Sebastián Ríos te busca de nuevo, asegúrate de avisarme de inmediato.

Zulema asintió en silencio, y sin agregar nada más, se preparó para marcharse.

Se giró hacia la puerta, y mientras el látigo seguía resonando a sus espaldas, los lamentos de Úrsula y los sollozos reprimidos de la señora Fajardo se fundían en uno solo.

No volteó a mirar ni una vez, aunque su corazón dolía sordamente y sus uñas se hundían con fuerza en las palmas de sus manos.

Al regresar y abrir la puerta, la sala estaba inmersa en un silencio absoluto.

Zulema se paró en el medio de la estancia y se estiró, dejando que su espalda, tensa durante toda la noche, se relajara poco a poco.

Se sirvió un poco de agua, se acurrucó en el sofá, y sujetó el vaso con ambas manos mientras se perdía en sus pensamientos.

Los sucesos de aquella noche pasaban como una película por su mente.

A decir verdad, no esperaba que Sebastián Ríos enviara a alguien a agradecerle frente a toda la familia.

Seguramente, todos los Fajardo pensarían que él lo hizo para protegerla, pero ninguno había comprendido el verdadero motivo detrás del gesto.

El único propósito de Sebastián era quedar a mano con ella; no quería estar en deuda con nadie, ni siquiera por algo tan simple como llevarlo al aeropuerto.

Él era alguien que sabía poner límites; todo lo arreglaba sin demoras ni deudas pendientes.

Zulema apretó los labios y prefirió no darle más vueltas al asunto. Así estaban bien las cosas.

De pronto, su celular empezó a sonar, rompiendo el silencio del lugar. Miró la pantalla, donde parpadeaba el nombre de la señora Fajardo.

Tenía intención de rechazar la llamada, pero su dedo resbaló y contestó sin querer.

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