—Divorciémonos. —dijo ella—. Ya firmé los papeles del divorcio.
Rafaela nunca pensó que terminarían así, con tantas barreras entre ellos, tantas cosas… y tantas personas.
—Antes de venir a buscarte, no sabía si estaba haciendo lo correcto o no. No sabía… si me arrepentiría, ni si nosotros… realmente podríamos seguir adelante.
—Y mucho menos sabía si de verdad podríamos dejar atrás el pasado y estar bien juntos.
—Dijiste que me amabas, y te creí.
—Luché conmigo misma muchas veces, pero al final seguí a mi corazón y me dije… que sería la última vez. Que si terminaba así de nuevo, nos separaríamos para siempre.
—Este tiempo que pasé contigo en Francia, fuiste muy bueno conmigo, es verdad. Pero… en cuanto surge algo que tiene que ver con la gente de Penélope, no dudas en culparme y alejarme.
—Liberto, ¿no te das cuenta de que tu supuesto amor es una porquería?
Rafaela miró por el ventanal las flores que, no sabía cuándo, habían sido replantadas. Las que antes habían sido arrasadas por el viento que cubría las colinas, ahora… parecían haber recuperado su antiguo esplendor. Las flores eran hermosas, pero por más hermosas que fueran… no se podían retener. Podían ser destruidas al antojo de cualquiera, sin ser valoradas.
Y no había pasado una o dos veces, sino… incontables veces.
—Yo no soy Penélope. No puedo complacerte en todo, y a ti tampoco te gusta. Mi carácter… tampoco tiene esa bondad que tú buscas.
—Es cierto, cada vez que me enojo, vienes a buscarme. Pero a la larga, esto es agotador para ti y para mí…
—Quizás… separarnos es lo correcto.
La mirada de Liberto se posó sobre los papeles del divorcio ya firmados que estaban sobre la mesa.
—¿Que no me necesitas? —Liberto avanzó hacia ella con paso firme, paso a paso, hasta quedar frente a ella. Sacó la memoria USB de metal y la dejó caer frente a sus ojos—. ¿Y tú qué? ¿Solo tienes a Miguel en tu corazón? —Su voz grave reprimía una ira resentida—. Cuando no estoy, tocas una y otra vez la melodía que Miguel compuso para ti. Dime, en tu corazón… ¿acaso has pensado en mí, aunque sea por un instante?
Rafaela lo miró a sus ojos profundos y, como si estuviera en medio de un berrinche, espetó:
—¡Sí! ¡Así es! ¡En mi corazón solo hay lugar para Miguel! ¡Fui una pendeja al venir a buscarte!
—¡Vine a perder el tiempo contigo, a fingir en esta farsa!
—Para mí, no eres más que el perro faldero de la familia Jara. Vine a buscarte solo por los intereses de mi familia. ¡Cómo podría… enamorarme de verdad de alguien como tú!
—Esa propuesta de matrimonio, la boda… para mí no son más que un capricho innecesario y una ilusión tuya…
La mano de Liberto que sostenía la memoria USB se cerró en un puño apretado. El extremo de la memoria tenía un adorno de metal puntiagudo, y la punta afilada se clavó con fuerza en la palma de su mano. Rafaela vio cómo una sombra siniestra teñía la mirada de él, mientras observaba la sangre que goteaba de su mano al suelo, como si no sintiera dolor alguno.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...