Wendy asintió con un «oh» y fijó la vista en la espalda de César, que se afanaba en la cocina.
Él estaba de pie frente a la estufa, cortando chiles y verduras con parsimonia; el cuchillo golpeaba la tabla de cortar con un ritmo constante. La luz cálida de la cocina dibujaba el contorno de sus hombros anchos y su cintura estrecha, proyectando la imagen del hombre firme y confiable que ella conocía.
Pero la inquietud en su corazón no se disipaba.
Un tipo como Dante, ¿cómo iba a aceptar que lo mandaran al extranjero sin más? La explicación de César sonaba impecable, pero a ella le parecía que ocultaba algo a propósito.
—¿Y… de verdad quiso ir? —no pudo evitar preguntar de nuevo.
César se dio la vuelta, con una leve sonrisa en los labios. —¿Acaso importa si quería o no?
Su tono era autoritario, inapelable, pero al instante se suavizó. —Ya, no pienses más en él. La sopa está casi lista.
Wendy no dijo nada más, sus dedos jugueteaban inconscientemente con el reposabrazos del sofá.
De la cocina emanaba el aroma ácido de los chiles, mezclado con el intenso olor de la carne de res. Era un olor familiar, pero en ese momento no le abría el apetito.
—Aquí está la sopa —César colocó el tazón frente a ella. La sopa humeante estaba coronada por un huevo estrellado de yema dorada.
Era una sopa hecha por él, y eso la hacía superior a cualquier manjar de un chef de cinco estrellas.
Wendy levantó la vista y se encontró con sus ojos profundos.
En sus pupilas se reflejaba su imagen, con una ternura que le hizo temblar el corazón.
—¿Qué esperas? Ven a comer.
—Ah, sí.
Wendy sacudió la cabeza con fuerza, tratando de alejar todos esos pensamientos confusos.
«Al diablo, ¿de qué sirve pensar en todo esto?».
Que César la tratara bien era real, y eso era suficiente.
Tomó los cubiertos y se llevó un bocado de fideos a la boca.
El sabor picante y ácido estalló en su lengua. Seguía siendo increíblemente delicioso.
—¿Está rica? —César se sentó a su lado, su voz era grave y tierna.
—Sí, deliciosa —asintió Wendy con energía, esforzándose por sonreír.
Después de la sopa, se bañaron y se lavaron los dientes, como de costumbre.
Wendy se quedó perpleja por un momento, luego sintió una calidez en el corazón.
Él recordaba un gusto que ella había mencionado de pasada.
Sin embargo, negó con la cabeza y se acurrucó en sus brazos. —No es necesario, me gusta lo que tú elijas. Además, las rosas champán que eligió el organizador son preciosas, crean un ambiente cálido y elegante.
En su vida anterior, cuando se casó con Dante, se había encargado de cada detalle, buscando la perfección en cada aspecto.
¿Y cuál fue el resultado?
El matrimonio fue el comienzo de una tragedia.
Por eso, ahora sentía que la boda era solo una formalidad. Lo realmente importante era la felicidad después de casarse.
—Si no tienes ninguna petición, entonces lo dejamos así.
—Sí, sí, de acuerdo.
César le dio un beso suave en la coronilla. —Entonces, tomaré la decisión.
Wendy lo rodeó con los brazos y, levantando la vista, le preguntó: —Je, je, el día de la boda, ¿estarás nervioso?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tu Tío en mi Cama: El Inicio de mi Venganza