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Tu Tío en mi Cama: El Inicio de mi Venganza romance Capítulo 127

—¡Ja, ja, ja, a que no me alcanzas!

Ella corría delante con un ramo de flores.

César la seguía, riendo.

De repente, se dio la vuelta para mirarlo, pero ya no había nadie detrás de ella.

En su lugar, había una bestia horrible, de rostro verde y colmillos afilados.

—¡Ah… auxilio…! —Wendy huyó despavorida.

Corrió unos pasos más y se encontró de frente con una joven.

La mujer la miraba sin expresión alguna.

Justo cuando estaba a punto de pasar a su lado, la mujer la empujó con fuerza, arrojándola por un precipicio.

—¡Ah!

Wendy gritó y se despertó de golpe.

Tras el sobresalto, respiraba con dificultad, bañada en sudor frío.

La sensación de caída libre del sueño y el rostro helado de la mujer desconocida le provocaron un escalofrío.

—Uf, qué susto…

Wendy tardó un rato en recuperarse del terror de la pesadilla.

«Qué sueño tan terrible, ¿será una premonición?».

Se le fue el sueño por completo.

Comenzó a buscar en internet el significado de su sueño.

Pero, por desgracia, las interpretaciones eran contradictorias. Unas decían que era un buen presagio, que algo bueno estaba por suceder. Otras, que era una pesadilla que anunciaba una futura desgracia.

La ansiedad la mantuvo despierta hasta la mañana.

«Vaya, qué manera de torturarme. He vivido dos vidas, ¿qué más puedo temer?».

«A lo que venga, pecho. No hay de otra».

—Está bien, entonces iré a hacerla.

César se quitó el saco, se puso una bata y fue a la cocina a prepararle la sopa.

—Oye, no he vuelto a ver a Dante en toda la semana. No ha venido a molestarme. ¿Qué le dijiste exactamente ese día?

César rio entre dientes. —No te preocupes por eso. A partir de ahora, no volverá a molestarte.

El corazón de Wendy dio un vuelco. —¿A dónde fue?

Un tipo como Dante, un lobo con piel de cordero, astuto y ambicioso, no se rendiría tan fácilmente.

—…Se fue al extranjero. No volverá en un buen tiempo.

Wendy, al oírlo, se sorprendió aún más. —¿Ah? ¿Se fue al extranjero?

César bufó con un toque de celos. —¿Qué? ¿Acaso lo extrañas? ¿Te preocupa tanto?

—¿Cómo crees? Es solo que no me imagino a alguien como Dante aceptando irse al extranjero así como así.

—Lo envié a la sucursal de la empresa en el extranjero para que se capacite y gane experiencia. Es una mejor oportunidad para él que quedarse en Puerto San Ángel. En resumen, no te preocupes, no volverá a molestarte.

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