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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 107

La verdad era que a Hanna le importaba muy poco a dónde había ido; solo quería cumplir con el protocolo y dejar la comida.

Pero Tatiana ya se había acercado hasta quedar frente a ella.

Y, con una sonrisa de oreja a oreja, soltó el veneno:

—Luciano fue a acompañar a Rocío al aeropuerto. La van a enviar al extranjero, así que ahora mismo deben estar ahí. Si te das prisa, a lo mejor alcanzas a ver cómo se despiden con un beso apasionado.

La voz de Tatiana rebosaba burla.

Era su manera de decirle: *"Te creíste muy lista usando el poder de las acciones para obligarlo a pedirte perdón, ¿no? Pero la realidad es que a él no le importas en lo más mínimo, solo fingió para no perder su dinero"*.

Lo que más enfurecía a Tatiana era esa actitud de superioridad de Hanna, esa calma aparente de no importarle nada.

Todo el mundo sabía que cualquier mujer en sus cabales estaría muerta de miedo de perder su título en una familia tan poderosa. Por eso ni siquiera había discutido y dejó que Don Ricardo tomara la decisión.

Incluso sabiendo que Luciano y Rocío le habían puesto los cuernos durante cinco años y, para colmo, la habían engañado para criar al hijo de la amante... ella lo había tolerado.

Para Tatiana, Hanna era una hipócrita. Fingía desinterés y pedía el divorcio, pero al primer puente de plata que le tendieron, se retractó.

Era patética a más no poder.

Y ahora, la misión de Tatiana era hacer pedazos ese falso orgullo y restregarle la realidad en la cara.

Luciano jamás le había importado, jamás la había amado; ella siempre había sido la sombra, la mujer humillada.

Hanna reflexionó un instante, alzó la mirada y, con voz calmada, le preguntó a Tatiana los detalles exactos: a qué hora se había ido, cuánto tiempo llevaba fuera, hacia dónde se dirigía y si realmente estaba con Rocío.

Tatiana, encantada de ver que su plan funcionaba, exageró cada detalle. Le contó con lujo de detalles cómo Luciano, a pesar de tener la espalda recién cosida y sin importarle siquiera los analgésicos, había salido corriendo para no dejar sola a Rocío, demostrando lo mucho que la amaba.

En realidad, había sido ella misma quien, estando ahí en el hospital, le envió un mensaje a Luciano diciéndole que Rocío había sufrido una crisis nerviosa y estaba a punto de quitarse la vida. Luciano sabía que Rocío había recibido una bofetada brutal del mayordomo y que había sido humillada hasta lo más bajo por Don Ricardo. Al ser una niña mimada, era obvio que no soportaría tanta presión. Luciano planeaba enviarla lejos para que rehiciera su vida, no para que terminara en una tragedia.

Así que, sin pensarlo dos veces, se arrancó la vía intravenosa y manejó a toda velocidad para buscarla.

Antes de salir, le encargó a Tatiana que, si alguien de la casona preguntaba por él, dijera que había surgido una emergencia de trabajo. Daba por sentado que Hanna seguiría furiosa por el escándalo de Rocío y que ni de broma iría a visitarlo.

Hanna regresó en el coche a la casona familiar.

Doña Úrsula se interpuso en la puerta principal.

Apenas Hanna bajó del vehículo, la acribilló a preguntas:

—¿Por qué regresaste tan pronto? ¿Acaso no te quedaste a servirle la comida como es debido? Si vas a seguir siendo la señora de esta casa, deja de comportarte como una resentida por problemas menores y atiende a tu marido.

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