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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 659

Al ver la daga, miles de pensamientos cruzaron por la mente de Bianca en una fracción de segundo.

Los abuelos sabían perfectamente que Damián jamás la elegiría a ella. Esa última opción la habían puesto sobre la mesa únicamente para acorralarlo y forzarlo a aceptar la primera condición.

De las tres opciones, la segunda era la única sencilla; las otras dos eran prácticamente misiones suicidas.

Llevar la situación al límite, apostando incluso la vida, era la jugada final para obligar a Damián a decidir.

Pero, ¿y si Damián, con tal de proteger a Melisa a toda costa, terminaba aceptando la última exigencia de Doña Estela?

Bianca dio un paso al frente con la intención de detenerlos, pero se congeló al escuchar la voz de Damián:

—Esa última opción... ¿Es lo que ella quiere, o lo que ustedes quieren?

Bianca se detuvo en seco.

Doña Estela frunció el ceño, indignada.

—¿A qué te refieres? ¿Insinúas que Bianca vino a suplicarnos esto a escondidas? ¡Por supuesto que es nuestra decisión!

Don Severiano también asintió con dureza.

—¡No te atrevas a echarle la culpa a ella!

Damián asintió levemente, con una sonrisa fría asomándose en sus labios.

—Así que, sin siquiera preguntarle si ella está de acuerdo, ¿ustedes ya tomaron la decisión por ella? Recuerdo perfectamente, Doña Estela, que usted siempre decía cuánto la estimaba. Sin embargo, en un asunto que define su vida entera, prefiere ignorar su voluntad y decidir a quién entregársela como si fuera un objeto.

La sangre le hirvió a Doña Estela, pero al ver el rostro impasible de Damián, tragó saliva y reprimió la furia. Soltó una risa amarga.

—¡Por eso mismo queremos ver de qué está hecho el gran líder de la familia Figueroa! ¡Demuéstranos si tienes la capacidad de hacer que Bianca diga que sí!

Escondida a la distancia, Bianca sintió cómo su corazón recobraba un ritmo normal.

Doña Estela solo estaba presionando a Damián.

En ese momento, Damián caminó hacia otra silla y se sentó, paseando la mirada por todos los presentes. Parecía un depredador calculando el instante exacto para clavar los colmillos en su presa.

Y entonces, lanzó el golpe:

—Ella no puede tener hijos.

Su voz fue neutra, ni muy alta ni muy baja. Bianca no logró escuchar las palabras desde su posición, pero sí vio cómo Doña Estela se ponía de pie de un salto, despavorida.

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