Era lo mismo que relegar a Melisa, aquí y ahora, a la posición de la amante de turno.
En el futuro, ¿cómo la vería la sociedad?
Era seguro que se convertiría en el blanco de las burlas y el desprecio de todos.
Pero Doña Estela aún no había terminado, y continuó con firmeza:
—Mi segunda condición es sobre Bianca. Ya no es una niña y no puedo quedarme tranquila con su futuro a la deriva. Dentro de la familia Figueroa, entre tus primos y parientes cercanos, le buscarás un hombre confiable y noble, y dejarás que ella misma elija. ¡El acuerdo de divorcio nunca estipuló que Bianca no pudiera salir con algún primo de la familia! Sería absurdo limitarla. ¡Prefiero que se quede con alguien de los nuestros, así estaré tranquila!
—Así es, tu abuela tiene toda la razón —asintió Don Severiano—. ¡Además, si no hubiera sido por Bianca, hoy la casa entera habría sido un caos! Quiero que te esmeres en elegir a alguien para ella.
Con lo sucedido ese día, Don Severiano por fin había abierto los ojos y empezado a apreciar a Bianca genuinamente.
Melisa y ella eran como el agua y el aceite. Durante todo el tiempo que Melisa estuvo en la casa y hasta que se fue, Bianca no pronunció ni una sola palabra en su contra. No echó leña al fuego, no juzgó a nadie; simplemente se mantuvo a un lado, discreta y servicial.
Y todo el tiempo estuvo pendiente de su salud... Él la había tratado tan mal en el pasado, y ella seguía respondiendo con esa nobleza.
Ese nivel de madurez y decencia no era común. Se notaba que era una mujer recta. Qué lástima que hubieran llegado hasta el punto del divorcio. Si la hubieran apoyado antes, seguramente habría logrado grandes cosas.
El patriarca prosiguió:
—La primera condición ya la escuchaste. La segunda es sobre el divorcio de Bianca, que ya es un hecho. Si tu actitud de hace un momento no era solo para darnos por nuestro lado, ¡estas dos cosas deberían ser pan comido para nuestro intocable señor Figueroa!
A lo lejos, Bianca solo podía ver la espalda de Damián; le era imposible descifrar su expresión.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa