—¡Te apuesto lo que quieras a que fue culpa de la maldita de Bianca! Seguramente vio a Liam y pellizcó al hijo adoptivo del profesor Salazar para que llorara y así provocar la furia del señor Ávila. ¡A mí casi me cuesta la vida parir a tu hermano! Si no fuera porque tu desgraciado padre andaba de mujeriego y embarazó a una de sus amantes, yo jamás me habría arriesgado a tener un hijo a mi edad solo para asegurar mi puesto como la señora de la casa. ¡Y esa gata barata tiene el descaro de querer lastimar al único heredero de la familia Serrano!
Melisa estaba cien por ciento de acuerdo con la teoría conspirativa de su madre.
Pero como era un hecho innegable que Liam había asustado al otro niño primero, no estaban en posición de armar un escándalo.
Ximena salió del hospital cargando al pequeño Liam como si fuera un tesoro de cristal, todavía temblando de ira. De pronto, vio a lo lejos a Bianca y a su grupo dirigiéndose a sus autos, y les lanzó una mirada cargada de odio:
—¡Mírala nomás, toda desaliñada y vulgar! ¡Con razón no puede mantener a un hombre a su lado! Cuando consigas esa invitación VIP para la cumbre tecnológica, quiero que le restriegues tu éxito en la cara para vengar a tu hermanito. A ver si sigue intentando copiarse de ti. ¡Me muero por ver su cara cuando se dé cuenta de que una don nadie como ella jamás será invitada a un evento de esa categoría!
Melisa sonrió con arrogancia, ignorando a Bianca y compañía, abrió la puerta de su auto lujoso y ayudó a su madre y a su hermano a subir.
La ceguera del señor Ávila y de Clara al no reconocer su superioridad, y la antipatía del profesor Salazar por culpa de los chismes de Bianca... todo eso se solucionaría cuando ella brillara en la cumbre tecnológica.
Para entonces, Bianca quedaría expuesta como el fraude que era y se convertiría en un triste chiste que solo serviría para hacerla lucir a ella aún mejor.
Vicente y Bianca, demasiado concentrados en proteger a la pequeña Lucía del frío y las miradas curiosas, no notaron el veneno de las Serrano, pero Clara sí se percató de las miradas de desprecio.
Indignada, Clara se lo comentó de inmediato. Vicente ni se inmutó, y Bianca simplemente suspiró con resignación:
—Cualquier madre defiende a sus hijos a capa y espada. Es normal.
Al ver que ni Bianca ni Vicente le daban importancia al asunto, a Clara también se le pasó el coraje. Se subió al auto de excelente humor y anunció muy emocionada:
—Mi mamá tiene turno en el hospital, y mi hermano anda cerrado tratos en el extranjero, ¡así que me voy a pasar las fiestas de Fin de Año con ustedes!
¡Incluso había traído un lingote de oro macizo que le dieron en una boutique de lujo y se lo regaló a la pequeña Lucía, a pesar de que la bebé de ocho meses ni siquiera podía sostener algo tan pesado!
Vicente tomó el mando de la situación:
—Clara, pásate al volante y maneja tú. ¡Tengo que ir a recoger a mi maestro para que todos cenemos juntos en familia!
Clara acarició suavemente las mejillas regordetas de Lucía y asintió animada:
—¡A sus órdenes, jefe! Ya voy.
Bianca sostenía a su hija en brazos mientras miraba el paisaje de la ciudad deslizarse por la ventana del auto.
El profesor Salazar tiene excelentes contactos con la familia Santillán. Seguro podré sonsacarle información valiosa sobre la Academia Internacional de la Élite.


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