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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 628

Bianca sopesó la pregunta de Xavier en silencio antes de responder.

—Señor Soler, su pregunta no tiene nada que ver con el hecho de que utilizó a mi hija como excusa para tenderme una trampa. Lo que está haciendo ahora es desviar la atención y evadir su responsabilidad.

Lo miró con frialdad.

—Está intentando invalidar mi reclamo. Trata de convertir su error en un problema mío, insinuando que si lo cuestiono es porque lo considero inferior a otra persona y le tengo prejuicios. Está minimizando lo que hizo mal y culpando a mis supuestos sentimientos personales.

Xavier la observó detenidamente.

De verdad la había subestimado muchísimo.

—Tienes razón. Te pido una disculpa, no era mi intención sonar así.

Bianca no mostró resentimiento, pero mantuvo un tono estrictamente racional.

—Señor Soler, sus acciones me afectaron directamente a mí. Fui yo quien soportó la trampa, sin importar cuáles fueran sus buenas intenciones. Si usted cree que manipular así a la gente está bien, entonces asuma que cualquiera puede hacerle lo mismo a usted, pero no crea que tiene el derecho de hacérselo a los demás. La escuela que me mostró es excelente y se lo agradezco, pero me es imposible confiar en alguien que utiliza a mi propia hija como carnada. Hoy vine con usted porque le tenía una confianza absoluta.

Mientras hablaba, tiró de la manija de la puerta e intentó llamar a Vicente Ávila para avisarle que llegaría tarde.

—Lo lamento, pero nuestros caminos se separan aquí, señor Soler. Le devolveré todos los obsequios que le dio a mi hija y le enviaré una compensación económica por las molestias. Sé muy bien que su cariño por Lucía es genuino, y eso se lo reconozco.

—¡Bianca, espera! —exclamó Xavier, intentando detenerla mientras ella abría la puerta.

No calculó que la situación escalaría hasta este punto.

Su intención había sido buena, pero...

Como dijo Bianca, él creía tener la razón, pero eso no le daba el derecho de jugar con ella de esa manera.

—¡Lo siento muchísimo!

Antes de que Bianca lograra bajar, Xavier cerró la puerta de un tirón y puso el seguro.

—Primero te llevo al hospital para que te revisen esa quemadura. Deja que te atiendan y luego escúchame, ¿sí?

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