Melisa frunció el ceño con extrañeza hasta que vio al hombre que caminaba detrás de ellos.
Vestía una camisa oscura de cuello abierto que dejaba a la vista los intrincados tatuajes de símbolos indígenas y tribales que le cubrían el cuello. Los antiguos trazos bajaban hasta perderse bajo la ropa, llegando incluso a asomarse por el dorso de sus manos, dándole un aura mística, salvaje y profundamente intimidante, muy al estilo de las organizaciones clandestinas de Sudamérica.
Al escuchar que alguien lo llamaba, levantó la mano y se quitó lentamente los lentes oscuros de montura dorada.
—¡Tiago! —exclamó Melisa, ahora mucho más segura.
Tiago Aguirre giró la cabeza. Sus facciones eran marcadas, profundas, con el inconfundible aire de un hombre poderoso de Sudamérica. Llevaba el cabello oscuro cortado casi al ras, las cejas gruesas, la nariz recta y los labios finos apretados en una línea implacable.
Al ver a Melisa, levantó una ceja, genuinamente sorprendido.
—Vaya, vaya. ¿Qué hace aquí nuestra futura genio de la ciencia?
Melisa sonrió ante el cumplido.
—¿Y tú qué haces por aquí?
—Vine a cerrar un trato comercial —respondió clavando sus ojos en ella.
No queriendo interrumpirlo, Melisa asintió.
—Entonces te dejo trabajar. Nos hablamos luego.
—No hay prisa. Ese cliente no es ni la mitad de importante que tú. Tú eres el futuro de la ciencia. Ese don nadie no te llega ni a los talones —dijo Tiago. Luego le hizo una seña a uno de sus hombres para que preparara un salón VIP—. Ve y dile a la gente de BN Innovación que llegaré tarde. Que me esperen.
Melisa se sobresaltó.
—¿Vas a negociar con BN Innovación?
—Así es —respondió con voz grave.
Ella entendió de inmediato. Iba a vengar su honor.
—Por favor, no lo hagas. De hecho, no deberías involucrarte con ellos. ¿Ya te enteraste de lo que pasó en las redes sociales? —preguntó con expresión seria.
Tiago estaba perfectamente al tanto, pero la invitó a entrar al salón privado con un gesto galante.
—Cuéntame.


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