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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 501

Bianca frunció el ceño y miró a Vicente, quien observaba el espectáculo desde un lado con evidente diversión.

Lorenzo, con su aguda perspicacia, lo notó de inmediato y exclamó:

—Oye, Bianca, no mires al señor Ávila. Tienes que tener tu propio criterio. ¿Qué podrías sacar de mirarlo a él? ¡Solo dinos qué piensas de las amantes y ya!

Bianca no sabía qué hacer con Lorenzo...

—¡Señor Valdés! —intervino Vicente con una sonrisa, sintiendo que ya no podía contenerse más—. ¡Mejor preguntémosle a la señorita Serrano qué opina sobre las mujeres que se meten en las relaciones ajenas! Estoy seguro de que la señorita Serrano, siendo una brillante doctora graduada de la Universidad de San Francisco, tendrá una perspectiva mucho más profunda y distinta a la del resto de los mortales.

Vicente se acercó a Melisa Serrano, se inclinó ligeramente y le preguntó:

—Señorita Serrano, ¿usted qué opina?

El rostro de Melisa palideció drásticamente. Podía sentir la hostilidad y la malicia dirigidas hacia ella.

Pero todo esto... Melisa miró a Bianca. Se negaba a creer que todo esto no fuera obra de Bianca, moviendo los hilos en las sombras, ensuciando su nombre y distorsionando la verdad.

¿Insinuar que ella era la amante?

¡Le parecía una completa ridiculez!

¡La verdadera rompehogares era Bianca Núñez!

Al ver la tensión, Lorenzo intervino:

—Bianca, ¿qué te preocupa? ¡Solo dilo! ¡Estoy aquí y dudo mucho que alguien se atreva a hacerte algo! Además, ¡esa clase de mujeres que destruyen hogares son más repugnantes que las cucarachas! ¡No tienes por qué guardarles ninguna consideración a ese tipo de personas!

Vicente estuvo a punto de soltar una carcajada y asintió efusivamente:

—Ni lo mencione, señor Valdés. Estando yo aquí, me encantaría ver qué sinvergüenza se atreve a decir una sola palabra a favor de una amante. Especialmente de esas que, sabiendo perfectamente que la esposa legítima está embarazada, se atreven a llamarlo 'amor verdadero', se enredan con el marido e incluso intentan lastimar al bebé que la esposa lleva en su vientre. ¡Esa clase de escoria merece lo peor!

Al pronunciar las últimas palabras, el tono de Vicente se volvió implacable.

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