La sonrisa de Melisa desapareció por completo.
Que Lorenzo la pusiera en el mismo nivel que a Bianca la irritaba profundamente.
—Es cierto que el señor Ávila solo trabaja con la élite. Todos sus empleados son graduados de universidades de prestigio y pasan por filtros muy estrictos. Pero en el caso de Bianca... Ella antes trabajaba como una de las asistentes de Damián en el Grupo Figueroa. Renunció este año y se fue con el señor Ávila. Apenas tiene un título universitario básico, y de pronto la nombran asistente especial.
—¿Qué? —Lorenzo no podía ocultar su sorpresa.
Pasar de ser una asistente común en el Grupo Figueroa a ser la mano derecha de Vicente Ávila no solo era un salto gigante en la jerarquía, sino que los requisitos de capacidad y las áreas de especialidad eran completamente diferentes.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Lorenzo, genuinamente intrigado.
Melisa bajó la mirada, fingiendo incomodidad.
—No me gusta hablar a espaldas de nadie... pero ya que me tratas con tanto respeto y confías en mí, Lorenzo, solo te diré esto: las supuestas capacidades de Bianca no son lo que aparentan. El señor Ávila le tiene... mucho cariño.
Lorenzo entendió el mensaje de inmediato.
En esa industria no era un secreto que algunos directores movían recursos para beneficiar a sus amantes. Sin embargo, nunca se imaginó que alguien como Vicente Ávila pudiera perder la cabeza por una mujer de esa manera.
Estuvo a punto de preguntar por qué Damián no intervenía, pero luego pensó que, mientras el negocio se concretara, no tenía por qué meterse en la vida privada de los demás.
Además, si Melisa se había acercado a decírselo, seguramente Damián estaba de acuerdo con que él lo supiera.
De repente, todo cobró sentido. Con razón Vicente se había esforzado tanto en menospreciar a Melisa durante la cena para enaltecer a Bianca. E incluso había notado que la actitud de Bianca hacia Melisa había sido desafiante, sin una gota de respeto.
Evidentemente, todo era por celos. Bianca envidiaba el verdadero talento de Melisa.
En un instante, la buena impresión que Lorenzo tenía de Bianca se hizo pedazos. Ahora solo la veía como una mentirosa impulsada por la vanidad, una farsante.
—Gracias por decírmelo, Melisa. Ya lo entiendo. Pero... me da curiosidad, ¿por qué renunció al Grupo Figueroa si le iba tan bien allí, solo para irse a trabajar con el señor Ávila?
Melisa soltó una risita suave y enigmática.
—Buena pregunta. Si le iba tan bien, ¿por qué se fue? Como dije, no me gusta hablar mal de la gente. Solo quería advertirte para que tengas cuidado con ella. Me retiro.
Lorenzo comprendió perfectamente la insinuación.
Cuando ambos caminaban de regreso al salón, escucharon a algunos empleados murmurando en el pasillo, y el nombre de Melisa salió a relucir.

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