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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 369

Bianca no escuchó la respuesta de Damián.

Solo alcanzó a ver por el espejo retrovisor la amplia sonrisa de satisfacción de Lorenzo Valdés.

Bajó la mirada y, antes de arrancar, dio un último vistazo por el espejo: Damián y Lorenzo ya se habían dado la vuelta para marcharse.

Al llegar a BN Innovación, Bianca compró dos vasos de café frapé, los favoritos de Clara, y subió a las oficinas.

Al entrar, encontró a Clara sentada frente a la computadora, con los ojos hinchados de tanto llorar.

—¿Cómo están las cosas? —le preguntó suavemente, entregándole las bebidas.

Clara se frotó los ojos enrojecidos, tomó un vaso, le puso la pajita y dio un sorbo antes de responder sin fuerzas:

—Es exactamente lo que te dije... Mi papá acaba de llamar. La empresa ya fue absorbida por completo. La familia Serrano es asquerosa. Con su inmenso capital, apostaron contra las acciones de varias empresas de la bolsa y las devoraron una a una.

Bianca sintió una punzada. Recordó cómo la familia Núñez había sufrido el mismo destino: mientras se enfocaban en la caridad y la gestión, no reaccionaron a tiempo ante la falta de liquidez, y los Serrano, en complicidad con otras empresas, los hundieron.

Eso arruinó sus cuentas, les bloquearon cargamentos enteros, y la deuda fue tan gigantesca que su padre y su hermano terminaron en la cárcel.

La competencia desleal demostraba una moral podrida, pero lamentablemente no siempre era considerada un delito.

Bianca guardó silencio unos segundos antes de decir:

—Lo siento mucho. No logré conseguir información para ti.

—No es culpa tuya, y de todos modos no podrías haber hecho nada. Esto no se arregla con unas cuantas palabras. Si hubieras preguntado, solo te habrías metido en problemas. Todo esto pasó por mi maldita boca. Lo que no logro entender es qué le ven a esa rompehogares de Melisa para que todos los hombres estén detrás de ella. —Clara giró la cabeza y vio acercarse a Vicente Ávila—. Señor Ávila, sea sincero... ¿a usted le gusta Melisa Serrano?

Vicente soltó una risa sarcástica.

—Siento que me estás insultando, pero no tengo cómo comprobarlo.

Clara hizo un puchero y miró a Bianca, sintiendo una repentina solidaridad:

—Menos mal que era solo una empresa secundaria de mi papá. Si se perdió, pues ya está.

—Qué hija tan considerada —ironizó Vicente.

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