Damián la miró de soslayo.
—Si lo necesitas, te envío una copia.
Bianca no iba a rechazar algo tan útil.
—Perfecto, gracias.
—Mhm.
Bianca se giró hacia su zona de trabajo para recoger sus cosas y notó que, de la nada, habían aparecido dos cámaras de seguridad en puntos muy discretos. En el panel de monitoreo pudo comprobar que ahora cubrían cada ángulo de la oficina y parte del pasillo externo.
Mientras fruncía el ceño, vio en la pantalla que Damián miraba directamente a una de las cámaras, luego hacia ella, mientras se quitaba el reloj de pulsera.
—Es muy tarde. Vete a casa —dijo él.
Bianca tomó su bolso y no le respondió.
Salió de la oficina y miró el pasillo oscuro y completamente vacío de aquel rascacielos. El ambiente era indudablemente escalofriante.
Desvió la mirada e intentó apurar el paso hacia los ascensores, pero escuchó unos pasos familiares siguiéndola de cerca.
Justo cuando ella entró al elevador, Damián entró detrás de ella, presionó el botón de la planta baja y se colocó en silencio frente a la puerta.
Bajar desde el piso cuarenta y cinco tomaba su tiempo. Bianca observó la espalda ancha del hombre.
Él no dijo una sola palabra, y ella ya no era la chica de antes que siempre buscaba desesperadamente cualquier excusa para hacerle la plática.
El viaje transcurrió en un silencio tenso, hasta que, al llegar al piso veinte, el ascensor se detuvo de golpe y las luces parpadearon violentamente.
Bianca se enderezó por instinto, levantó la cabeza y, de pronto, todo quedó a oscuras.
Sintió que le faltaba el aire. Aterrorizada por la idea de que la cabina se desplomara, retrocedió un paso y se aferró al pasamanos. En medio de las tinieblas, la voz firme y profunda del hombre rompió el silencio.
—Tranquila. Es una falla eléctrica común. Dame tu teléfono.
Bianca se lo entregó a ciegas.
Él intentó comunicarse con la sala de control de seguridad, pero nadie respondió. Luego, usó su propio equipo para llamar a la policía y a Esteban.
Después de eso, Bianca vio cómo encendía la linterna de su celular para iluminar la cabina.
Como si percibiera el pánico contenido de Bianca, Damián rompió el hielo.
—¿Estudiaste esto en la universidad? En el currículum que presentaste cuando entraste a la empresa no mencionaste que supieras de desarrollo tecnológico.
Bianca lo miró a través de la luz pálida de la pantalla.
—Sí... Pero desperdicié demasiado tiempo en personas y cosas que no valían la pena. Ahora que lo estoy retomando me siento un poco oxidada, pero por suerte no me cuesta tanto. Y el señor Ávila no tiene quejas de mi trabajo.

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