Afuera, los nudillos de Bianca estaban blancos de tanto apretar las manos.
No hubo respuesta. Ni para ella ni para Xavier.
Xavier suspiró y soltó una carcajada lánguida, aunque sus ojos no perdían detalle de las microexpresiones de Damián.
—Melisa es excepcional, lo admito. Es hermosa, capaz, ambiciosa y aprende rápido. Prácticamente es un reflejo tuyo. Por ella, no te tembló la mano para gastar millones solo para quitar a Bianca del camino y poner a Melisa bajo el ala del profesor Salazar. Estás convencidísimo de que en el futuro logrará cosas inmensas, ¿verdad?
Damián finalmente alzó la vista. Tras unos segundos de espeso silencio, disparó:
—¿Qué estás tratando de averiguar?
Xavier sonrió con cinismo.
—Solo me sorprende lo profundo de tus sentimientos por Melisa. Alguna vez dijiste que en esta vida solo habría una mujer para ti, un amor eterno y exclusivo, ¿no? Me mata la curiosidad: si Bianca no hubiera perdido a ese bebé, ¿seguirías actuando de esta forma?
—Sé perfectamente lo que hago y lo que quiero —sentenció Damián, poniéndose de pie y evadiendo la pregunta.
Al escuchar eso, a Bianca se le hizo un nudo en la garganta. Lo había entendido todo.
Incluso si su bebé siguiera vivo, él la habría pisoteado igual para conseguir lo que deseaba.
—Tranquilo, tranquilo, ya no te molesto —bromeó Xavier—. Sé que la adoras. Le regalas anillos exclusivos de subasta, propiedades... Me enteré de que hasta le compraste la Residencia Bellavista a la familia Serrano. ¿En serio te preocupa que el papá de Melisa no te acepte como el yerno perfecto?
Desde el pasillo, Bianca no necesitó escuchar más. Dio media vuelta y se alejó con pasos de plomo.
Jamás imaginó que, después de cederle la Villa del Idilio, Damián correría a comprarle la imponente Residencia Bellavista a Melisa a modo de disculpa. Su devoción era tal que hasta protegía a la familia de su amante.
Dicen que quien ama de verdad mueve montañas para asegurar el futuro de su ser querido.
Y el amor de Damián por Melisa sobrepasaba cualquier límite. Por ella, no le importaba quedarse en la calle tras el divorcio.
Si ella no fuera la esposa traicionada, y si Melisa no fuera una vulgar amante rompehogares, Bianca hasta les habría aplaudido por protagonizar semejante telenovela.
Cuando Xavier salió de la oficina, alcanzó a ver a Bianca negar con la cabeza, esbozar una sonrisa amarga y hundirse en su escritorio para trabajar.
Recordando cómo le había exigido los papeles a Damián, Xavier pensó que, en el fondo, ella solo buscaba llamar su atención, esperando que él se negara a firmar.
Dejó escapar un suspiro de lástima.
Hasta un ciego podría ver que el corazón de Damián nunca le había pertenecido a Bianca.

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