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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 296

—Disculpe, señorita, ¿quién es usted? —preguntó el licenciado Solís, plantando la mano con firmeza sobre el acuerdo de divorcio para evitar que ella lo tomara.

La sonrisa de Melisa perdió un poco de su brillo.

—Soy Melisa Serrano, la novia de Damián. Si está aquí por un encargo, estoy segura de que ha escuchado mi nombre por boca de... ciertas personas.

Mientras decía esto, clavó sus ojos en Bianca.

La indirecta era clara: quería hacerle creer al abogado que Bianca se la pasaba hablando mal de ella a sus espaldas.

Pero Bianca no tenía paciencia para sus juegos de poder. Además, confiaba plenamente en el profesionalismo de Solís.

Se sentó en una silla cercana y abrió su libreta, repasando sus notas de la reunión. Su objetivo era aprovechar cada segundo, terminar su trabajo rápido y largarse de allí cuanto antes.

—Lo lamento, señorita Serrano, pero un acuerdo de divorcio es de carácter estrictamente personal —respondió Solís. Su tono era cortés, pero implacable—. A menos que el señor Figueroa me indique personalmente que usted está autorizada para revisarlo, no se lo entregaré. Hacerlo sería una falta de respeto hacia mi clienta. ¿No le parece?

Solís apeló a su ética profesional, mordiéndose la lengua solo por respeto a Damián.

Si no estuviera en un entorno corporativo, le habría dicho en la cara que, siendo la amante que se metió en un matrimonio ajeno, no tenía ningún derecho a revisar los acuerdos de divorcio de la esposa legítima.

Además, Solís sabía perfectamente que Bianca jamás había pronunciado una sola queja o insulto contra Melisa.

Al escuchar el rechazo del abogado, Melisa volteó a ver a Bianca.

*Pobre perdedora*, pensó Melisa. *No entiende nada de los proyectos, pero finge estar ocupada para ocultar su humillación. Está que se muere de los celos y no sabe dónde esconder la cara. ¿Y todo para qué? ¿Para usar a un abogado como escudo?*

Melisa la miraba como si fuera una broma andante, un payaso desesperado por atención.

*Qué patética*.

Con un suspiro de lástima fingida, Melisa sacó su celular frente a Solís y a Bianca, y grabó un mensaje de voz.

—Damián, el licenciado Solís trajo el acuerdo de divorcio. Sé que estás muy ocupado, ¿quieres que lo revise por ti para adelantar el trámite?

Bianca, que justo acababa de organizar todos sus reportes y enviarlos al sistema de Damián, levantó la cabeza al escucharla.

Vio a Melisa presionar el botón de reproducir. De inmediato, la voz profunda y familiar de Damián resonó en la sala.

—Mandaré a alguien para allá.

El rostro de Bianca se ensombreció de golpe.

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