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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 284

Pero a Bianca ya no le importaba mantener las apariencias. Miró a la doctora con desesperación:

—¿Mi hija va a estar bien? Es prematura, nació de seis meses... He estado tan abrumada con el trabajo que no pude cuidarla como debía... Vi en la cámara cómo esa mujer la golpeaba y corrí lo más rápido que pude. Por favor, revise si tiene lesiones internas...

Mientras hablaba, el cuerpo de Bianca se sacudía en violentos espasmos. Su voz, rota por el llanto, era apenas un balbuceo ahogado.

La doctora le pidió que se calmara para poder entenderla.

Xavier, con voz firme y serena, repitió todo lo que Bianca acababa de decir.

Bianca asintió débilmente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlar sus emociones.

Finalmente, la doctora suspiró y su expresión se suavizó:

—La niña está estable, no hay daños graves. No tiene fracturas en los brazos y, afortunadamente, no encontramos rastros fuertes de sedantes en su organismo. Lo más probable es que se haya desmayado por el agotamiento y el pánico extremo. Está profundamente dormida ahora. Usted...

La médica era mujer y, al ver el estado deplorable de Bianca, no pudo evitar sentir empatía por el calvario que estaba pasando.

—Dejaremos a la niña en observación. Tendrá que ser ingresada —indicó.

Bianca asintió frenéticamente y se dio la vuelta, dispuesta a correr a la caja para pagar la admisión.

Xavier la detuvo suavemente por el hombro.

—Yo me encargo de los trámites. Tú lleva a la niña a la habitación.

Esta vez, Bianca no se negó.

En ese momento, la idea de separarse un solo segundo de su bebé le resultaba insoportable.

Mientras bajaba al área de pagos, Xavier escuchó que alguien pronunciaba su nombre.

—¡Xavier!

Melisa Serrano lo había visto desde lejos y caminaba hacia él, saludándolo con entusiasmo.

—Xavier, ¿qué haces aquí? —preguntó ella.

Él se giró y la miró, ocultando cualquier rastro de sorpresa.

—Vine a ver a una amistad. ¿Y tú? Es muy tarde para estar en el hospital, ¿te sientes mal? ¿Damián no vino contigo?

Melisa soltó una risita suave.

—El pequeño Liam tuvo un accidente en el parque infantil hace un rato. De pura casualidad, Damián iba pasando por ahí. Lo llamé y me ayudó a traerlo al hospital.

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