Un trayecto de veinte minutos lo cubrieron en apenas siete.
Bianca ni siquiera esperó a que el auto se detuviera por completo. Abrió la puerta de un empujón y salió corriendo.
Xavier, al verla tan desesperada y vulnerable, dudó un segundo, pero temiendo que estuviera en peligro, la siguió a paso rápido.
En el camino, había intentado llamar a Damián Figueroa, pero el teléfono mandaba directo a buzón. Estaba apagado.
Al llegar frente a la puerta del departamento, observó a la mujer que les abrió...
¿No era esa la misma niñera que había visto hace un par de días en BN Innovación con la bebé en brazos?
—La niña se acaba de dormir, ¿por qué viene tan tarde, señora? —preguntó la niñera con una sonrisa nerviosa, aunque por un instante la culpa brilló en sus ojos al ver a Bianca.
¡Zas!
Bianca no dudó ni un segundo. Le cruzó la cara con una bofetada monumental, la empujó a un lado y entró corriendo.
Xavier actuó de inmediato. Sujetó a la niñera contra la pared y cerró la puerta de una patada.
—¡Con qué derecho me pega! ¡Suélteme! —chilló la mujer, aterrorizada. Iba a seguir gritando, pero se quedó helada cuando sintió un objeto frío y metálico presionando directamente contra su frente.
Xavier estaba a punto de lanzarle una advertencia letal cuando vio salir a Bianca de la habitación. Parecía al borde de la locura, abrazando protectoramente a la pequeña contra su pecho.
Con solo una mirada, Xavier reconoció a la bebé. Era la misma niña que Damián había subido al auto aquel día.
—¡Creo que le dio pastillas para dormir! ¡Le suplico, señor Soler, lléveme al hospital! —La voz de Bianca se quebraba en un llanto histérico.
En ese momento, se odiaba a sí misma. Deseaba con toda su alma recibir el sufrimiento en lugar de su hija.
—De acuerdo. Baja rápido, te alcanzo en un segundo —asintió Xavier, con expresión sombría.
En un movimiento fluido, Xavier golpeó a la niñera, dejándola inconsciente en el piso. Antes de salir, cortó la electricidad del departamento, cerró la puerta con llave desde afuera y corrió tras Bianca.
En el elevador, Bianca abrazaba a la niña con fuerza, incapaz de sofocar sus sollozos.

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