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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 228

Esa noche, Bianca se preparaba para dormir. Damián Figueroa no había regresado a casa, pero a ella no le importó en lo absoluto; ni siquiera hizo el intento de averiguar dónde estaba.

Era obvio que estaba con Melisa Serrano.

Al principio de su matrimonio, Bianca solía estar pendiente de los movimientos de Damián, esperando con ansiedad su regreso a casa.

Pero desde que Melisa apareció, sus llegadas se volvieron cada vez más esporádicas.

Bianca se quedaba sola en una habitación vacía, acompañada únicamente por el bebé que llevaba en su vientre, soportando noche tras noche la ausencia de su esposo...

Abrió su antiguo diario. Las páginas estaban repletas de los sentimientos de profunda admiración que había albergado por él desde el día en que entró a trabajar al Grupo Figueroa. Durante miles de días y noches, se había esforzado al máximo para ganarse un lugar a su lado, solo para terminar convirtiéndose en la señora Figueroa, enfrentando un matrimonio lleno de frialdad y humillaciones.

Cada palabra escrita en esas páginas estaba manchada de lágrimas y dolor.

Bianca deslizó los dedos suavemente sobre el papel, como si pudiera sentir la tristeza de la chica que alguna vez fue.

Tomó un bolígrafo, pasó a una página en blanco y escribió:

*"Nuevas metas para el próximo año: bajar de peso, no comprar ropa nueva por ahora —especialmente vestidos, ya que no me quedan bien en este momento—. Quiero recuperar mi figura y mi estado físico anterior, cuidarme a mí misma de verdad..."*

Escribió varios propósitos más, hasta que el cansancio la venció y se quedó dormida sin darse cuenta.

En medio de su sueño, sintió vagamente que alguien le quitaba el diario de las manos con delicadeza y le subía las sábanas para cubrirla del frío.

A la mañana siguiente, al despertar, Bianca notó que su diario había desaparecido. Justo cuando iba a asomarse debajo de la cama para ver si se le había caído, escuchó golpes en la puerta, seguidos por la voz autoritaria de Perla Figueroa:

—¡Baja a desayunar de una vez! Te he traído a un grupo de expertos.

Llena de confusión, Bianca abrió la puerta. Perla la tomó del brazo de inmediato:

—¿Qué tanto haces ahí metida? Vamos, baja a comer. Una mujer nunca debe saltarse el desayuno. Hoy es fin de semana, así que supongo que no tienes nada que hacer, ¿verdad? Y si lo tienes, lo cancelas. Hice que vinieran unas personas a la casa.

Antes de que Bianca pudiera preguntar de qué se trataba, fue arrastrada escaleras abajo.

Lo primero que vio al llegar al comedor fue a un hombre sentado a la mesa.

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