—Kari…
Juliana intentó llamarlo, pero Karim ni siquiera se dio la vuelta; salió corriendo a toda velocidad.
¡Maldita sea!
¿Qué le pasaba a Karim hoy? Primero, vino a cuestionarla y a dudar de ella, y ahora, delante de sus narices, salía corriendo detrás de Otilia.
¿Dónde se había torcido todo?
El rostro de Juliana se ensombreció. Con su aspecto desaliñado y magullado, parecía un fantasma vengativo.
Fuera cual fuera el problema, ¡no iba a permitir que Otilia le arrebatara todo lo que tenía!
Con una idea repentina, Juliana sacó su teléfono y abrió la cámara. Puso una expresión de víctima desamparada, asegurándose de que su mejilla, hinchada y enrojecida por la bofetada, quedara bien enfocada, y se tomó una foto. En la imagen, parecía una pobre e inocente flor maltratada, esperando a que alguien la rescatara.
Le envió la foto a Rafael y, antes de que pudiera grabar un mensaje de voz, una ráfaga de notificaciones inundó su pantalla.
—[¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha hecho daño?]
—[Juli, no te preocupes, ya voy para allá a defenderte.]
—[¡¿Pero qué ha pasado?! ¡¿Quién ha sido?!]
Tras los mensajes de voz, y sin darle tiempo a responder, recibió una llamada suya.
En cuanto contestó, la imagen de Juliana, magullada y desamparada, apareció en la pantalla.
Rafael, angustiado, le preguntó de inmediato:
—Juli, ¿quién te ha hecho esto? ¡Dímelo y me las pagará!
En el video, Rafael parecía muy alterado. Se levantó de golpe y salió corriendo. Por el fondo, parecía que acababa de salir de una sala de juntas, dejando a un grupo de altos ejecutivos con cara de no entender nada.
Por lo que había dicho el señor Aguilar, parecía que la señorita Aguilar había sido agredida.



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