Gael lo miró con calidez.
—No es necesario que me acompañes, este es un momento de honor y no estaré triste. Lo más importante ahora es cuidar al abuelo menor.
Ledo asintió con determinación.
—¡De acuerdo! En cuanto asegure al abuelo menor, iré directo al cementerio a encontrarte.
Aunque haber llegado a Puerto Rafe significaba seguridad, sabían que no podían confiarse. Hasta no tener todo resuelto, no bajarían la guardia por completo.
Por eso, Ledo debía escoltarlos personalmente hasta la residencia.
Gael soltó un ligero sonido de asentimiento.
—Aspen ordenó instalar al abuelo menor en el laboratorio de Tesoro. Es el lugar más seguro de todos.
Ledo asintió enérgicamente.
—¡Sí! Ese lugar es un búnker absoluto, incluso más seguro que la habitación de mi mami y mi papi. Cualquier intruso que intente entrar perderá la mitad de su vida antes de dar un paso.
El laboratorio de Tesoro había sido construido con autorización especial de las altas esferas. Cualquiera de las sustancias y especímenes que guardaba ahí dentro sería suficiente para acabar con cientos o miles de personas.
Ni hablar del sistema de seguridad de vanguardia: era imposible que una mosca entrara sin ser detectada.
Incluso si algún intruso altamente capacitado lograra burlar las primeras defensas por accidente, jamás lograría salir vivo.
¡No podrían dar dos pasos por el primer piso sin desplomarse!
Para Ledo, el laboratorio de Tesoro era el lugar más letal del planeta para los enemigos, pero el más protector y seguro para su familia.
Mientras el abuelo menor estuviera adentro, ya no tendrían que preocuparse por su seguridad ni por el riesgo de que su identidad fuera expuesta.
Ledo preguntó entonces:
—¿La madrina Tania y Dulci ya nos están esperando en el cementerio?
—Sí.
Tania quería ir al aeropuerto a recibirlos, pero alguien debía custodiar el cementerio y hacer los preparativos. No podían dejar el lugar vacío.
La familia Redón ya no tenía más parientes...
Solo quedaban Gael y Dulci.
Por eso, Dulci no estaba en el aeropuerto, estaba en el cementerio.
Tania se quedó junto a la niña, acompañadas por un maestro de ceremonias que las iba guiando con los protocolos.
El avión tocó pista y comenzó a deslizarse.
Antes de bajar, Ledo y Gael ya podían ver a la multitud alineada esperándolos.
Había altos funcionarios del gobierno local, líderes de la división antinarcóticos e incluso ciudadanos comunes que se enteraron de la noticia.

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Cómo se llama la segunda parte de la novela?...